lunes, 28 de julio de 2014

Gran Trail Aneto-Posets: crónica (I)

Vaya por delante que abandoné. Como dirían Faemino y Cansado, "Soy un not-finisher (en su caso, soy el típico vendedor a domicilio), que lejos de avergonzarse de ello, se enorgullece de serlo". A ver, no es que esté orgulloso del abandono. Estoy orgulloso de haber tomado una decisión correcta, o que luego he visto que era la correcta. El domingo no tenía nada claro si había hecho bien. Hoy ya lo tengo mucho más. Las conclusiones que he sacado pesan más que la insatisfacción de no haber terminado. Lo que he aprendido durará más que la satisfacción que tendría de haber terminado todo el recorrido. Pero esto lo contaré en la siguiente crónica, cuando ya tenga las ideas asentadas del todo. En este post, la crónica de la carrera en si.

Llegamos a Benasque sobre las 19:30 del viernes. Oscar (aqui su crónica), Angel y yo.  Como siempre, recogida de dorsal, control de material obligatorio, fotos... Habían dado lluvias hasta media noche, pero no fue así. Por suerte se equivocaron de unas horas y la tormenta pasó antes. Eso sí, dejó la montaña bastante mojada.
Cenamos, nos cambiamos y fuimos a la zona de salida. Manolo ya estaba allí, cambiado y apunto de iniciar su personal proeza. Fue el único que completó todo el recorrido. Nos habíamos inscrito como equipo, él y yo. Al final sólo pudo acabar él (mi más sincera enhorabuena, campeón!). Poco a poco la plaza se fue llenando de gente. Público, corredores...Todos preparados para lo que iba a ser un gran fin de semana dedicado a una de las cosas que más me gustan. Conforme se acercaba la media noche, la emoción se iba concentrando en el pequeño recinto en el que estábamos los aproximadamente 250 corredores que íbamos a tomar la salida. De todos, sólo 122 terminaría. Allí estábamos Oscar, Ángel, Manolo y yo. A punto para realizar nuestra proeza. 5...4...3...2...1...BOOM!

Empezamos a correr. Fueron sin duda los minutos más intensos y emocionantes que he vivido en una salida. Pasar por las estrechas calles de Benasque abarrotadas de gente animando, gritando y aplaudiendo, todos los corredores con frontal, bastones, mochilas... Es una sensación que no se puede describir.  Poco a poco fuimos saliendo del pueblo y enfilamos la carretera hacia Baños del Benasque. Ángel iba lesionado y correría a su ritmo. Oscar, Manolo y yo nos habíamos separado durante la salida, y nos reagrupamos. Baños del Hospital, y a las 03:30 a.m. nos plantamos en el refugio de la Renclusa. Unos 20 km, y 1300 de desnivel positivo acumulado. Comimos y bebimos algo, y yo aproveché para cambiarme de ropa y ponerme guantes. Llevava la camiseta empapada y me estaba enfriando. Además, íbamos a ganar altura y seguro que haría frío.

El siguiente tramo, hasta el collado de Salenques fue muy duro. Era de noche, encontramos los primeros neveros y el desnivel era considerable. Además, nos metimos de lleno en la zona de grandes rocas de granito, ideal para cansar bien las piernas. Llegamos al collado (km 26, D+ acum 2300m) a las 06:45, ya con luz de día. La bajada estaba equipada con una cuerda en la parte inicial, para evitar tener que pasar por el nevero. Fuimos bajando, pasando de piedra en piedra y cuando podíamos y el desnivel lo permitía, pisando la nieve. Se agradecía pisar algo blando después de tanto granito...

Esos siguientes 12 km fueron demoledores: bajada de 500m, subida de 500m, bajada de 500, subida de 500... Las subidas se me estaban haciendo muy duras. Si aceleraba el paso, se me aceleraba el ritmo cardíaco. Esos últimos 20 kilómetros estaban transcurriendo entre los 2300 y los 2700 metros de altitud. Y realizar esfuerzo a esa altura puede provocar hipoxía. Falta de oxígeno. Y lo estaba pagando con fatiga. En este punto de la carrear íbamos Oscar y yo solos. Manolo andaba unos 15 minutos por delante, a un ritmo algo más ligero. Nosotros dos, maldecíamos cualquier desnivel positivo. Llegar a un collado y ver que todavía no era el último es algo que frustra mucho. De repente, cuando te ves en el punto más alto te das cuenta de que el punto más alto no era ese, y que está más lejos, y más alto. Y cuando lo alcanzas, te das cuenta que tampoco lo era. Que te queda otro por subir. Esto, combinado con lo incómodo de ir pisando grandes bloques de granito durante tantas horas nos hizo decidir que no estábamos preparados para afrontar toda la carrera. No le dimos muchas más vueltas. Simplemente lo decidimos.
Cuando iniciamos el descenso hacia Benasque (20 Km, desnivel negativo de 1500 metros) ya sabíamos que no terminaríamos toda la carrera. La bajada también se nos hizo cuesta arriba. Empezó a pasarnos alguno corredor de la prueba "Vuelta al Aneto".  Habían salido siete horas más tarde y ya nos daban caza. ¡Vaya máquinas! Llegar a Benasque desde el punto más alto nos costó unas 5 horas. Los primeros 7 km, todavía con rocas gigantes en 2 horas. Lo mismo que los últimos 13, en los que al tratarse de una pista pudimos correr bastante.
Llegamos a Benasque y pasamos por la línea de meta, entre multitud de aplausos de un público que estaba ya recibiendo a los ganadores de la Vuelta al Aneto, y que estaba apunto de recibir al ganador del Gran-Trail. Este llegó un par de minutos después que nosotros. En el tiempo en que yo había completado 58 km y 3700 D+, él había dado además la vuelta al Posets, sumando 109 km y 7000 D+. 
Nos dirigimos al pabellón de Benasque, punto de avituallamiento situado a mitad de carrera. Manolo estaba allí, recién duchado y listo para emprender la segunda parte. Nosotros le dijimos que lo dejábamos, que no nos veíamos después de 17 horas, iniciando otra sesión de 17 horas más, andando, viendo como anochecía y volvía a amanecer. Personalmente me encontraba bastante mejor que cuando estaba en los collados a 2700 metros, pero mi cabeza no lo dudó. No merecía la pena meterse otra vez en carrera.
Nos retiramos. Honrosamente, y orgullosos de haber finalizado la Vuelta al Aneto en 17 horas. Hotel, ducha y nos fuimos a tomar unas merecidas jarras de cerveza con Angel, quien también tuvo que abandonar, Chevy, quien iba a correr su primera media al día siguiente y  Jorge, quien acababa de correr la maratón de las Tucas.
Hay que decir que el ambiente de este fin de semana en Benasque ha sido increible. No digo insuperable, porque seguro que se puede superar. Han organizado cinco carreras en dos días, abarcando desde la de 109 Km hasta la de 9. Para todos los públicos y edades. Un fin de semana de fiesta en pleno Pirineo. Un fin de semana para repetir.

Cuando abandoné sabía que tenía que hacerlo, y también sabía que al día siguiente me arrepentiría. Y así fue, pero sólo de forma fugaz. Ver como entraba Manolo a las 10 de la mañana del domingo, después de 34 horas me hizo pensar por un momento "yo también debería estar cruzando esa linea de meta". Pero ahora mismo tengo claro que hice bien, que hice lo correcto. Y profundizando más, me ha servido para reflexionar y sacar muy buenas conclusiones. Las contaré en la siguiente entrada del blog.

Aqui dejo alguna foto de la jornada.

recogida de dorsales, con Angel y Oscar

Manolo, "el finisher" y yo, antes de la salida


los 4 fantásticos

5...4...3...

...2....1....

amanece, que no es poco

bajada de Salenques

frio? sueño? naaa....

terreno no muy corrible

piedras

y más piedras (y en el centro... ¡corredores!)
paisaje de montaña

en linea de meta, al dia siguiente. ¡Y seguían llegando!




martes, 1 de julio de 2014

Ultra Trail del Sobrarbe: Crónica

Vaya por delante que esta vez iba preparado. Aceptablemente preparado. El fondo lo había trabajado durante los primeros cuatro meses del año. La técnica en caminos y el desnivel, durante los dos últimos. Y excepto por unos pequeños problemas estomacales, la carrera fue más o menos como tenía previsto. Sin embargo lo que no me imaginaba es que el paisaje fuera tan espectacular.


El dorsal se recogía el viernes por la tarde, en la plaza mayor de Ainsa. Ana y los enanos me acompañaron a buscarlo, estuvimos un rato por la plaza, me desearon suerte y se fueron a Tramacastilla para volver al día siguiente a ver mi llegada. Cené con Jorge, su mujer y otra pareja que también iban a correr (César y Cristina). Nos hinchamos a pizza. Mucha. Creo que la terminé de digerir al día siguiente, alrededor del kilómetro 29.

Dia “D”.

4:15 a.m. Suena el despertador.  Sólo soy capaz de engullir medio bocata de bimbo con nutella, un plátano y nada más. A esas horas tengo el estómago cerrado. Me visto, recojo todo y a las cinco me pasa a buscar Cesar. Nos vamos al pabellón. 

5:15 a.m. En el pabellón nos encontramos a un gran grupo de corredores de Zaragoza. Risas, fotos, comentarios… y salimos al campo de fútbol, donde se dará la salida.

Hora "H".

6:00 a.m. Petardazo. Salida. Empezamos a correr, ya con luz de día, y a un ritmo suave y llevadero.
Los primeros kilómetros son hacia arriba, no mucho pero hacia arriba. En 10 kilómetros acumulamos unos 600 metros de desnivel positivo, pasando por el Soto, los Molinos y finalmente el Monasterio de San Beturián. Allí está el primer avituallamiento, en el que como en casi todos los que vendrán se nos ofrece  agua, acuarius, cacahuetes, galletas, plátanos y naranjas. Muy completo. Tras una breve pausa, Jorge y yo continuamos y César se queda atrás, con otro grupo de corredores de Zaragoza.

Los siguientes 8 kilómetros son más llanos que los anteriores pero con subidas y bajadas. Los realizamos en algo menos de una hora. Otro avituallamiento y empieza la diversión. Ante nosotros la subida al collado del Santo, que cubre 900 de desnivel en apenas 4.5 km. Tardamos 1h20m en subir, y la verdad es que no se hace pesado, ya que a esas horas (no son ni las diez de la mañana) todavía refresca un poco y las piernas no están cansadas.
A partir de ese punto y durante las siguientes tres horas y cuarto, vamos corriendo, andando, hablando, disfrutando de un paisaje que a mi me recuerda a muchos sitios por los que he corrido. Me imagino en el bosque del Betato, en la subida al Pacino por Crampas, en La Llacuna bajando del Castell de Vilademager, en las crestas del Infierno… Hay una gran variedad de paisajes, y tengo la sensación de haber corrido por la mayoría de ellos.  Las vistas desde ciertos puntos son impresionantes. De vez en cuando paramos y echamos alguna foto. El entorno lo vale.

En el kilómetro 42 está la meta del maratón. Llegamos allí en poco más de 7 horas. Es la una y con el cansancio acumulado, el cuerpo pide comida. En ese avituallamiento dan bocadillos de bimbo con jamón y queso. Cometo “el error” de comerme 3 medios bocatas y 3 vasos de coca-cola (es que entraban de bien…) y empezamos a correr de nuevo.  Delante, 600 metros de desnivel en 4 kilómetros. Y con la tripa llena. Y con las piernas cansadas. La subida es un suplicio, no me encuentro muy católico, pero sigo andando.  Subiendo. Ganas de vomitar, ganas de parar, la típica pregunta de "qué cojones hago aquí"… Supongo que el cuerpo, inteligente que es, me está dando dos opciones:

a)      si quieres energía, te paras, me centro en el estómago, digieres lo que llevas dentro y luego seguimos. 
b)      si quieres seguir con el esfuerzo, vomita, dejo de digerir, me centro en las piernas y vas subiendo.

Pero yo opto por la “c”: No paro,  voy subiendo, no vomito y a ver si cuela.

Tardamos 1h15 en llegar al collado. Allí como algo más, me paro 10 minutos y recupero. Ya sólo nos quedan 1000 metros de desnivel negativo repartidos en 18 km. Las piernas ya pesan, tengo una ampolla en el meñique del pie que me hace pisar mal y provoca que se me cargue toda la pierna izquierda. De vez en cuando hay subidas “muy cabronas” que no sabemos por que están allí, pero el hecho es que están y hay que superarlas. El terreno es irregular, con piedras, y requiere mucha atención para no darle una patada a una y ver el suelo de cerca. El paisaje sigue siendo espectacular. Muy variado. La Peña Montañesa que acabamos de rodear es impresionante la mires desde donde la mires.

Cuando nos acercamos a Ainsa tenemos dos kilómetros de asfalto que nos sirven para acelerar el paso y sacar las pocas fuerzas que nos quedan ocultas en algún músculo de los que se activa al cambiar de ritmo. Hemos tardado 2h45 desde lo alto del collado hasta Ainsa. En la entrada al campo de fútbol están Ana y los niños esperando, y “Zubi”, un amigo que ha venido desde Lleida para verme sufrir J. También la mujer de Jorge, que con su cámara retrata los últimos metros que reflejan el cansancio y la alegría de de terminar, o mejor dicho culminar, la Ultra Trail del Sobrarbe en 11 horas y 20 minutos. ¡Prueba superada!

En ningún momento me he planteado abandonar. Pero durante algún tramo me planteo seriamente si seré capaz de terminar el próximo reto, el que tengo dentro de cuatro semanas: el Gran Trail del Aneto-Posets. Aquello es infinítamente más duro que lo que estoy haciendo en el Sobrarbe.
Tres días después tengo claro que será difícil, pero no imposible. Como dicen algunos, cabeza... todo cabeza....

con Ana y los peques en la recogida de dorsales

con Jorge después de recoger el dorsal. 
unos cuantos "marcianos" de Zaragoza  (es como nos denomina Ana)
a 10 minutos de la salida
ambiente previo 
César, Manolo (con quien correré el Aneto), Jorge y yo. 
Jorge no pierde el humor en ningún momento
Despacito y hacia arriba
dia despejado, pero no caluroso 
Selfie
a 5 kilómetros de la meta
últimos metros. La peña Montañesa al fondo
la cara lo dice todo...
último control, en meta.  

el mapa

el perfil





lunes, 30 de junio de 2014

Balance de Junio

Vaya por delante que todavía no ha terminado el mes, pero esta tarde seguro que no saldré a correr, con lo que puedo dar por buenas las cifras acumuladas a estas horas.
Junio ha sido el mes en el que he pasado del llano de la bicicleta y la natación al desnivel de las montañas pirenaicas. A finales de mayo empecé a acumular desnivel y a andar por el monte, y durante junio he seguido así, hasta culminar con la ultra del Sobrarbe, este sábado pasado. Todavía no he escrito la crónica, pero todo llegará.

Las cifras que han salido este mes son:
  • He salido a correr (y a andar-correr) 15 días, 280 km en unas 40 horas.
  • He hecho 5 salidas de más de 4 horas, con unos 8800 metros de desnivel positivo acumulado.
  • He nadado un día, 25 minutos, 1000 metros.
Empieza Julio, y este es el mes con el reto más grande del año: el Gran Trail Aneto-Posets. Este va a ser realmente duro, y por lo que he leído, se correrá poco. Para mi se parecerá más a una ruta o travesía por montaña que a una carrera de montaña. Para prepararla intentaré subir un par o tres de veces al pirineo y acumular todo el desnivel que pueda. Y el resto de entreno, resistencia por Zaragoza.

A pasar buen mes! 

viernes, 6 de junio de 2014

Running Madness: la Western States por dentro

Vaya por delante que yo esa época no la viví. La viví, pero no como corredor. Incluso así, siento algo de nostalgia por esa época. Me considero una persona nostálgica. Una persona algo anclada en el pasado en según que temas. Incluso en épocas del pasado, tan pasado, que ni había nacido. Os pondré un par de ejemplos:

cuando empecé a escuchar música, a principios de los años 80, se me abrió un nuevo mundo. Escuchaba la música de la época (pop, disco…) grababa mis cintas de casette, veía Aplauso y Tocata con nuevos grupos como AC/DC, Leif Garret, Miguel Bosé o Mecano. Fui evolucionando,  hasta principios de la década de los 90. Dover, Green Day, Cranberries…. Y allí, a mitades de la década me planté. Como un péndulo, desaceleré y volví atrás. Más atrás de los 80, incluso de los 70 que me vieron nacer. Empecé a buscar y escuchar música de los 50 y 60. Little Richard, Otis Redding, Lynyrd Skynyrd… Me hubiera gustado vivir la época de finales de los 60. Algunas veces echo de menos una época en la que no había nacido.

Otro ejemplo. Soy informático de formación y de profesión. En principio soy un ser tecnológico. Como tantos otros, empecé a mitades de los 80 con el Spectrum de 48K. Pasé al Amstrad, me matriculé en la facultad en el 88 y viví la evolución de la informática de la década de los 90, pasando desde el PDP-11 y el lenguaje máquina al PC y al Pascal o al Visual Básic. Conforme iba aprendiendo lo nuevo, también iba leyendo sobre sus orígenes. Conforme evolucionaba Internet, yo leía sobre Arpanet. Conforme aprendía sobre seguridad informática, más me gustaba leer sobre los orígenes de ésta. Sobre los orígenes del hacking, sobre el Capitan Crunch. Os recomiendo fervientemente el libro “Los Códigos Secretos”, de Simon Singh, o el “Criptonomícon”, de Neal Stephenson. Me motivaba más leer sobre el pasado que sobre las nuevas tendencias. Una vez más, anclado en el pasado. Disfrutando más de los orígenes de lo que estaba aprendiendo en ese presente, que preocupándome de evolucionar hacia el futuro inmediato. El péndulo llegaba otra vez a su punto más alto… para retroceder.

Y esto… ¿como aplica a la “línea editorial” de este blog?.

Esta semana he visto una película que me ha hecho reflexionar sobre todo esto. Running Madnes. También os la recomiendo fervientemente. Está en inglés, pero se entiende bastante bien. Se trata de un reportaje sobre la Western States de 2002 vista por los propios corredores.
La WS es una de las carreras más míticas del mundo. Se trata de 100 Millas, a recorrer en menos de 30 horas. En la película aparecen personajes del mundo del trail running y de las ultramaratones sobre los que he ido leyendo a lo largo de estos últimos cinco años. Scott Jurek, quien ganó esa edición con unos 28 años, Tim Twietmeyer, Ann Trason… gente que aparece en los libros y artículos que voy devorando últimamente.
¿Y qué es lo que me hizo reflexionar? ¿Por qué sentí nostalgia de algo que ni he vivido? Básicamente por la puesta en escena. Conforme avanzaba el documental me daba cuenta de que pese a ser relativamente reciente (“sólo” han pasado 12 años) la estética me parece vieja. Vintage que se llama ahora. Más que vieja, me parece tecnológicamente antigua. Incluso marketinianamente nula. Como si el poco interés que tendría en esa época el hecho de que unos cuantos zumbados corrieran 100 millas, no hubiera despartado todavía a las grandes marcas, ávidas de vender sus productos, a sacar material   y a liarnos con lo que teóricamente es imprescindible para hacer algo tan simple como correr.  
En la película los corredores son eso: corredores. No son maniquís de una tienda de Barrabés, o de la sección de Trail Running del Corte Inglés. No son un catálogo de The North Face o de Salomón. Son gente con un pantalón corto, una camiseta y un bidón de agua en la mano. Ni bastones, ni mochilas, ni mallas compresoras, ni manguitos… Seguramente habría quien los llevara, pero no predominan. Una puesta en escena sencilla. Y sin embargo, capaces de correr 100 millas con un desnivel positivo de unos 5500 m. En el documental se aprecia el sufrimiento personal de los corredores, la lucha contra la fatiga mental, contra el dolor físico, contra si mismos... 

Ver esta película me ha hecho sentir lo mismo que siento cuando leo sobre la informática de los años 70 y 80. O como cuando escucho a The Shadows. Todo menos recargado, más natural… No digo que sea mejor. La evolución de las cosas permite obtener mejores productos y mejores resultados. Más rendimiento.  Pero  digo que hoy en día, el componente consumista que envuelve a cualquier evolución, ya sea en informática,  en equipación para correr, y seguramente en casi cualquier otro campo supera de largo lo necesario para mejorar realmente lo que ya se tenía. En el fondo solo se trata de correr, no?

Poneos cómodos y disfrutad de Running Madness

http://www.cultureunplugged.com/documentary/watch-online/play/3652/Running-Madness-






lunes, 2 de junio de 2014

Balance de Mayo

Vaya por delante que mayo es el mes de las flores. Han tardado en llegar, pero finalmente lo han hecho. A partir de la segunda quincena me las he encontrado a todas, corriendo por la montaña. Pero vayamos por partes...

Mayo, a parte del mes de María y del mes de las flores  ha sido el mes del segundo objetivo (o reto) del año: el triatlón de Salou.  El día 11 puse a prueba lo que había practicado durante los últimos meses. Después de ese día, una semana de descanso y he empezado a entrenarme para lo que será el tercer reto del año: el challenge pirineos.

Del 1 al 31 de mayo las cifras que han salido son las siguientes:


  • he salido a correr y a andar-correr 13 días, unos 171 km, unas 20 horas. 
  • he salido en bicicleta 2 días, 145 km.
  • he nadado 3 días, 2500 metros.



Los últimos 6 meses me he dedicado a correr por asfalto, a buen ritmo, para finalizar la Maratón de Barcelona en 3:14. También me he dedicado a pedalear (en llano) y a nadar (también en llano) para finalizar el Extreme man de Salou en 5:24. Ahora, cambio de chip: tengo que andar mucho por el monte, correr algo  y acumuar desnivel. Todo para disminuir el ritmo, aumentar la resistencia, aumentar la potencia de piernas, etc, etc, etc...

El challenge pirineos empieza le próximo 28 de este mes de junio, con una carrera de 67 km y 3800 de desnivel positivo acumulado. La ultra trail del Sobrarbe. Habrá crónica!

viernes, 16 de mayo de 2014

Extreme man de Salou: crónica

vaya por delante que a diferencia del año pasado esta vez no esperaba con ansia el día del triatlón. No había entrenado mucho, y no me sentía muy cómodo. Era como un niño que no quiere salir de la cama para ir al cole. Un niño al que le duele la tripa. No quería, y punto. Decidí tomármelo con calma, a lo que saliera, sin cronómetro ni gps. A sensaciones. Y la verdad es que no me fue nada mal. Ahí van los tiempos (y la comparación con el triatlón del año pasado en Valencia):

Natación (1900 m, este año con algo de oleaje, frente a las aguas interiores del puerto de Valencia)
Tiempo: 43:59. Tiempo en Valencia: 43:40

Ciclismo: (86 Km frente los 90 Km de Valencia) 
Tiempo: 2:38:12 (32.6 km/h). Tiempo en Valencia: 3:00:21 (29.9 km/h)

Correr: (21 km, este año con algo de desnivel)
Tiempo: 1:52:41. Tiempo en Valencia 1:59:01

Tiempo total: 5:24:05. Tiempo en Valencia: 5:52:14


Me preguntaba si al menos podría mejorar mi marca del año pasado, y así ha sido. Prácticamente igual en el agua, mejor en bicicleta y mejor corriendo. Lo de mejor corriendo, me lo esperaba. Lo otro, ni de coña. Me doy por satisfecho. 

Aquí tenéis la crónica de la jornada…. 

Esta vez me acompañaron Ana y los niños. Estábamos en un apartamento muy cerca de la linea de salida. 
Quedé con Fran y con Tony el domingo a las 06:00 de la mañana. Dejamos el material junto a las bicicletas que ya estaban en la zona de transición desde el sábado por la tarde, nos pusimos el neopreno y dejamos la bolsa en guardarropía. En ese momento me despisté y ya no les volví a ver hasta justo antes de la salida. Ellos en la segunda tanda. Yo en la cuarta, a las 06:57 a.m. 
Esta vez, a diferencia de lo que hice en Valencia, salí en el mogollón. Fue muy diferente. Había olas, empujones, golpes… tragué bastante más agua que el año pasado. Pero este año las boyas estaban muy bien indicadas, con un globo de unos 3 metros de altura. No me desvié nada. 
Este tramo fue la gran novedad para mi. Había nadado en piscina, en pantano, en el puerto de Valencia… pero esto era diferente. Había olas. Para el resto serían “olitas”, pero para mi… olas. Cuando me acercaba al tercer tercio del recorrido me empezaron a alcanzar los que habían salido en la quinta serie. Me habían recuperado los 4 minutos que dejaban entre series. Yo, a mi ritmo. Salí del agua en 45 minutos, y con una sensación de haberlo hecho bien que me animaría para el resto de la prueba. 
Me cambié, comí un plátano, bebí medio litro de isotónica, cogí la bicicleta y a pedalear. Mi bicicleta, no es una gran bicicleta. De hecho, no es ni una bicicleta media. Es una bici bastante cutrecilla. Había  ruedas de otras bicis (o lo que sea eso sobre lo que montan los “pro”) que costaban tres veces lo que me costó mi bicicleta entera.  Pero allí estaba yo. Lo importante son las piernas, y la cabeza. Y comer y beber cuando toca. 
Seguí a rajatabla mi plan de alimentación: cada 40-45 minutos, isotónica. Cada 60, agua y comida. El recorrido era por autovía y bastante llano, con algo de viento cuando volvíamos. Cuando entré a Salou y ya cerca de la zona de transición vi a Ana y a los niños entre el público. Me animaron, y eso me animó. Dejé la bicicleta 2 horas 38 minutos después de haberla cogido. Comí, bebí, me cambié de zapatillas y me puse a correr. Los primeros metros, antes de salir del box ya vi que mis piernas estaban mejor de lo que esperaba.  A la salida del box, Ana y los niños animando otra vez. 
Empecé a correr, sin gps ni cronómetro. A sensaciones. Cuando llevaba un kilómetro me crucé con el que iba a ser el primer clasificado (con 3h45). Vaya máquina. A mi todavía me quedaba media maratón, pero al menos no terminó él antes de que yo empezara a correr. La media maratón tenía un bucle que se repetía 4 veces. En algunos tramos te cruzabas con la gente que ya estaba corriendo, y vi a Fran y a Tony. Entre que habían salido antes, y lo que me habían sacado nadando y corriendo, me llevaban más o menos una vuelta de ventaja.  Seguí corriendo, bebiendo y tomando gel cuando tocaba, y sin parar me planté en la meta 1h51 minutos después. 
Había tardado 5 horas 24 minutos en completar el triatlón. En nadar 1.9 kilómetros, pedalear 86 y correr 21. ¡Prueba superada! 
Me encontré con el resto del equipo de Andandaeh, y después de comentar la prueba y tomarnos un par de cervezas (para hidratarnos), paella con Ana y los niños y vuelta a Zaragoza. 
Un gran fin de semana, el segundo reto del año conseguido, y ahora… a por la montaña, que ya toca. 


y aquí, unas fotos 































jueves, 8 de mayo de 2014

A tres días del triathlón...

... vaya por delante que ya estoy mentalizado. Hasta hace bien poco no tenía nada claro si me apetecía abordar este segundo objetivo del año. Por "H" o por "B" no he podido entrenar tanto como me hubiera gustado, y esto me provocaba una cierta apatía y desgana cuando me imaginaba en Salou, rodeado de gente con neopreno, gorro y gafas, y apunto de meternos en el agua y chapotear como sardinas en un cubo. Sinceramente no me apetecía.
Ayer quedé con Fran y con Tony para ultimar detalles sobre este fin de semana. Corrimos un rato y luego nos tomamos una "isotónica" como Dios manda (jarra de medio litro, en concreto). Participamos juntos el año pasado en el triathlon de Valencia, y la experiencia fue tan grata que ellos dos se han apuntado este año a la distancia IronMan. Yo, por suerte, no me dejé engañar y simplemente me comprometí con ellos a participar en otro medio IronMan este año. Ellos llevan entrenando desde primeros de año para la prueba grande, y llegan a Salou fuertes como toros. Y yo por mi parte, llego peor que el año pasado. Cuando les oía hablar ayer, cuando se planteaban lo que tardarían en completar cada tramo,  lejos de agobiarme más por la gran diferencia entre nosotros, me tranquilicé. Vi claramente que mi participación este año tiene que ser simplemente a disfrutar. A terminar, y hacerlo con buenas sensaciones. Estoy tan lejos de su estado de forma, sobretodo en natación y bicicleta, que a diferencia de ellos dos ni me voy a plantear mejorar el tiempo del año pasado (5h52m). Juego en otra liga. Me he quitado toda la presión de encima. Simplemente tomaré la salida y nadaré. Luego pedalearé. Y finalmente correré. Si mejoro... bien. Y sino... también.
¡El lunes os lo cuento!

momentos previos al triathlon de 2013
6 horas después
preparativos para el triathlon de 2014

cartel 2014