viernes, 1 de agosto de 2014

Gran Trail Aneto-Poset: cronica (II), o la teoría del modelo ABC de las carreras.


Vaya por delante que después de una semana de autopsicoanálisis, puedo decir que ya se que pasó por mi cabeza para decidir abandonar en el GranTrail del Aneto. En ese momento no lo supe. Ahora lo tengo bastante claro.
No voy a escribir una tesis sobre el tema, ni voy a repetir paso a paso las deducciones que me han llevado a la conclusión final que voy a contar. Por supuesto, como en cualquier teoría, podría “más o menos demostrar” que son otros hechos los que me llevaron al abandono, pero me quedo con el que os expongo, y que es el que más me gusta por tener una parte didáctica sobre la que puedo aprender, y que me debería llevar a mejorar en el futuro. Lo llamo la teoría del A/B/C. Basta de rollos. Al grano.

Lo que pasó es que el Gran Trail del Aneto, para un corredor como yo, es una carrera de tipo “C”, mientras yo pensaba que era del tipo “B”. Y eso me mató. Remarco lo de “corredor como yo”, porque el tipo de carrera depende de cada corredor. La misma carrera, en función de quien la corre puede ser A, B o C.

Esto es lo que he aprendido. 

Las carreras se clasifican (o es una forma más de clasificarlas) en lo que se tarda en finalizarlas. No en los kilómetros. No en el desnivel. No en el terreno por el que transcurren. No en si puedes correr mucho, poco o casi nada. Se clasifican en el tiempo que inviertes en ellas, y por eso depende de cada corredor. ¡Ojo! esto no son verdades ni valores absolutos :-)


  • Carreras del tipo “A”. Se tarde en terminarlas menos de 12 horas. Puede ser una 10K, un maratón, una de 100 kilómetros en terreno fácil…
  • Carreras del tipo “B”. Se tarda en terminarlas entre 12 y 24 horas. En esta categoría puede entrar una ultra de 60 km con bastante desnivel, o una de 100 con desnivel aceptable y terreno fácil, o….
  • Carreras del tipo “C”. Se tarda en terminarlas entre 24 y 40 horas. Por ejemplo, el Gran Trail del Aneto.

Cada cual tendrá su clasificación y valores, pero estos encajan conmigo y supongo que con algún corredor más. 
Cuando te preparas una carrera, más o menos intentas saber en cuanto la terminarás y te preparas para ello. La clasificas en A/B/C. Te puedes ir de unas horas, y ahí entra en juego la cabeza. Puede ser que tengas previsto terminar en 10 horas y que te vayas a 14 o 15 porque llueve y graniza, porque te encuentras mal y tardas en recuperar, por lo que sea. Pero si estás en el  tipo que te esperabas (A/B/C) y no estás lesionado, con cabeza la terminas.

Pero, y esto es lo que he aprendido, si en plena faena te das cuenta de que te irás de tipo A al B, o del B al C y por muchas horas, la cabeza descarta seguir. Puedes estar preparado para alargar en varias horas dentro de un rango, pero el salto de un tipo a otro implica cosas como por ejemplo pasar de una noche sin dormir a dos.

No voy a profundizar más. Yo había estimado, por experiencias previas, terminar la carrera en 24-28 horas. Tipo B+ pero en el fondo, una noche sin dormir y parte de la segunda. Había estimado ese tiempo en función de lo que tardé en la ultra de Guara-Somontano (97Km, 5900D+, 18 horas). Pero la del Aneto no se podía hacer corriendo, al menos un corredor como yo. Era alta montaña, grandes bloques de granito. Andar, andar y andar. Con lo que, cuando nos dimos cuenta de que en el paso por Benasque, en el Km 58 llevaríamos unas 17 horas, y que nos faltarían otras 17, vimos que nos iríamos a 34 horas. Una “C” como la copa de un pino. Dos noches enteras sin dormir. Llegar a las 10 de la mañana del domingo en lugar de “durante la noche del sábado al domingo.
Y darnos cuenta de eso fue demoledor. Estuvimos hablando de dolor en las piernas, de lo que costaba respirar en las subidas a los collados… pero en el fondo es que no era lo que pensábamos.

Y en ese caso, lo mejor es dejarlo. Podíamos haber terminado, andando la mayor parte de lo que nos quedaba que es lo que hizo la gente que terminó en 34 horas. Pero no habíamos venido a eso. Habíamos venido a una B+ y no lo era.

La decisión fue la correcta,  dejarlo y aprender, aprender de lo sucedido, terminar con muy buenas sensaciones, sin destrozar la cabeza ni el cuerpo. Aprender que la próxima carrera hay que clasificarla bien antes de empezarla. Hay que saber a que nos enfrentamos para abordarlo con unas mínimas garantías de éxito.

Está claro que esta carrera (109km) no era como la de Guara-Somontano (98km) y algo más. Era como las ultras de cien millas (166km) y algo menos. De las que es mejor contar con un equipo de apoyo, una ducha a medio camino, un pararse un rato largo… De las que a nuestro nivel no se corren del tirón parando brevemente en cada avituallamiento. Y en estos momentos no estoy preparado para este tipo de carreras (ni tengo claro, hoy por hoy,  que me apetezca estarlo).

Estas son las conclusiones que he sacado. Parece de Perogrullo, y seguramente lo es, pero a mi me ha servido para saber en que punto estoy, y como primer contacto con las carreras de “de tipo C”. Quien sabe si algún día…







Balance de Julio

Vaya por delante que este mes he dejado de apuntar todo lo que hago en el cuaderno del deportista. Durante los últimos 3 años, he rellenado tres libros, día a día apuntando el deporte que había practicado, la distancia, el tipo de carrera (ciudad, camino, montaña...), las zapatillas utilizadas... Tres años anotando. Este mes me he modernizado. Utilizo Internet. Dispongo de una cuenta en Movescount.com en la que el reloj (por llamarlo de alguna forma) que utilizo cuando salgo a practicar deporte, vuelca toda la información registrada durante la sesión. Y si salgo sin reloj, puedo incluir la información a mano. Más cómodo a la hora de apuntar, más cómodo a la hora de calcular totales, y más cotilla para el que quiera echar un vistazo.

Quien quiera cotillear la ruta circular Lasarra-Musales-Respomuso-Lasarra que pinche en este enlace:

http://www.movescount.com/moves/move35700525


Y esto son un par de imágenes sobre la visión de un mes:






En fin, moderno que es uno.

Al grano. Las cifras que han salido son:

  • he salido a correr 12 días, un total de 179 km en 33:30 horas
  • nada de nadar, nada de pedalear. 
Para agosto, sin plan alguno. Me voy esta tarde a Tramacastilla, al Pirineo. Saldré a correr, saldré a andar, saldre en bicicleta, haré una travesía de dos noches en refugio con los niños... Y me tomaré el vermouth todos los días que pueda.  ¡Buen verano a todos!

lunes, 28 de julio de 2014

Gran Trail Aneto-Posets: crónica (I)

Vaya por delante que abandoné. Como dirían Faemino y Cansado, "Soy un not-finisher (en su caso, soy el típico vendedor a domicilio), que lejos de avergonzarse de ello, se enorgullece de serlo". A ver, no es que esté orgulloso del abandono. Estoy orgulloso de haber tomado una decisión correcta, o que luego he visto que era la correcta. El domingo no tenía nada claro si había hecho bien. Hoy ya lo tengo mucho más. Las conclusiones que he sacado pesan más que la insatisfacción de no haber terminado. Lo que he aprendido durará más que la satisfacción que tendría de haber terminado todo el recorrido. Pero esto lo contaré en la siguiente crónica, cuando ya tenga las ideas asentadas del todo. En este post, la crónica de la carrera en si.

Llegamos a Benasque sobre las 19:30 del viernes. Oscar (aqui su crónica), Angel y yo.  Como siempre, recogida de dorsal, control de material obligatorio, fotos... Habían dado lluvias hasta media noche, pero no fue así. Por suerte se equivocaron de unas horas y la tormenta pasó antes. Eso sí, dejó la montaña bastante mojada.
Cenamos, nos cambiamos y fuimos a la zona de salida. Manolo ya estaba allí, cambiado y apunto de iniciar su personal proeza. Fue el único que completó todo el recorrido. Nos habíamos inscrito como equipo, él y yo. Al final sólo pudo acabar él (mi más sincera enhorabuena, campeón!). Poco a poco la plaza se fue llenando de gente. Público, corredores...Todos preparados para lo que iba a ser un gran fin de semana dedicado a una de las cosas que más me gustan. Conforme se acercaba la media noche, la emoción se iba concentrando en el pequeño recinto en el que estábamos los aproximadamente 250 corredores que íbamos a tomar la salida. De todos, sólo 122 terminaría. Allí estábamos Oscar, Ángel, Manolo y yo. A punto para realizar nuestra proeza. 5...4...3...2...1...BOOM!

Empezamos a correr. Fueron sin duda los minutos más intensos y emocionantes que he vivido en una salida. Pasar por las estrechas calles de Benasque abarrotadas de gente animando, gritando y aplaudiendo, todos los corredores con frontal, bastones, mochilas... Es una sensación que no se puede describir.  Poco a poco fuimos saliendo del pueblo y enfilamos la carretera hacia Baños del Benasque. Ángel iba lesionado y correría a su ritmo. Oscar, Manolo y yo nos habíamos separado durante la salida, y nos reagrupamos. Baños del Hospital, y a las 03:30 a.m. nos plantamos en el refugio de la Renclusa. Unos 20 km, y 1300 de desnivel positivo acumulado. Comimos y bebimos algo, y yo aproveché para cambiarme de ropa y ponerme guantes. Llevava la camiseta empapada y me estaba enfriando. Además, íbamos a ganar altura y seguro que haría frío.

El siguiente tramo, hasta el collado de Salenques fue muy duro. Era de noche, encontramos los primeros neveros y el desnivel era considerable. Además, nos metimos de lleno en la zona de grandes rocas de granito, ideal para cansar bien las piernas. Llegamos al collado (km 26, D+ acum 2300m) a las 06:45, ya con luz de día. La bajada estaba equipada con una cuerda en la parte inicial, para evitar tener que pasar por el nevero. Fuimos bajando, pasando de piedra en piedra y cuando podíamos y el desnivel lo permitía, pisando la nieve. Se agradecía pisar algo blando después de tanto granito...

Esos siguientes 12 km fueron demoledores: bajada de 500m, subida de 500m, bajada de 500, subida de 500... Las subidas se me estaban haciendo muy duras. Si aceleraba el paso, se me aceleraba el ritmo cardíaco. Esos últimos 20 kilómetros estaban transcurriendo entre los 2300 y los 2700 metros de altitud. Y realizar esfuerzo a esa altura puede provocar hipoxía. Falta de oxígeno. Y lo estaba pagando con fatiga. En este punto de la carrear íbamos Oscar y yo solos. Manolo andaba unos 15 minutos por delante, a un ritmo algo más ligero. Nosotros dos, maldecíamos cualquier desnivel positivo. Llegar a un collado y ver que todavía no era el último es algo que frustra mucho. De repente, cuando te ves en el punto más alto te das cuenta de que el punto más alto no era ese, y que está más lejos, y más alto. Y cuando lo alcanzas, te das cuenta que tampoco lo era. Que te queda otro por subir. Esto, combinado con lo incómodo de ir pisando grandes bloques de granito durante tantas horas nos hizo decidir que no estábamos preparados para afrontar toda la carrera. No le dimos muchas más vueltas. Simplemente lo decidimos.
Cuando iniciamos el descenso hacia Benasque (20 Km, desnivel negativo de 1500 metros) ya sabíamos que no terminaríamos toda la carrera. La bajada también se nos hizo cuesta arriba. Empezó a pasarnos alguno corredor de la prueba "Vuelta al Aneto".  Habían salido siete horas más tarde y ya nos daban caza. ¡Vaya máquinas! Llegar a Benasque desde el punto más alto nos costó unas 5 horas. Los primeros 7 km, todavía con rocas gigantes en 2 horas. Lo mismo que los últimos 13, en los que al tratarse de una pista pudimos correr bastante.
Llegamos a Benasque y pasamos por la línea de meta, entre multitud de aplausos de un público que estaba ya recibiendo a los ganadores de la Vuelta al Aneto, y que estaba apunto de recibir al ganador del Gran-Trail. Este llegó un par de minutos después que nosotros. En el tiempo en que yo había completado 58 km y 3700 D+, él había dado además la vuelta al Posets, sumando 109 km y 7000 D+. 
Nos dirigimos al pabellón de Benasque, punto de avituallamiento situado a mitad de carrera. Manolo estaba allí, recién duchado y listo para emprender la segunda parte. Nosotros le dijimos que lo dejábamos, que no nos veíamos después de 17 horas, iniciando otra sesión de 17 horas más, andando, viendo como anochecía y volvía a amanecer. Personalmente me encontraba bastante mejor que cuando estaba en los collados a 2700 metros, pero mi cabeza no lo dudó. No merecía la pena meterse otra vez en carrera.
Nos retiramos. Honrosamente, y orgullosos de haber finalizado la Vuelta al Aneto en 17 horas. Hotel, ducha y nos fuimos a tomar unas merecidas jarras de cerveza con Angel, quien también tuvo que abandonar, Chevy, quien iba a correr su primera media al día siguiente y  Jorge, quien acababa de correr la maratón de las Tucas.
Hay que decir que el ambiente de este fin de semana en Benasque ha sido increible. No digo insuperable, porque seguro que se puede superar. Han organizado cinco carreras en dos días, abarcando desde la de 109 Km hasta la de 9. Para todos los públicos y edades. Un fin de semana de fiesta en pleno Pirineo. Un fin de semana para repetir.

Cuando abandoné sabía que tenía que hacerlo, y también sabía que al día siguiente me arrepentiría. Y así fue, pero sólo de forma fugaz. Ver como entraba Manolo a las 10 de la mañana del domingo, después de 34 horas me hizo pensar por un momento "yo también debería estar cruzando esa linea de meta". Pero ahora mismo tengo claro que hice bien, que hice lo correcto. Y profundizando más, me ha servido para reflexionar y sacar muy buenas conclusiones. Las contaré en la siguiente entrada del blog.

Aqui dejo alguna foto de la jornada.

recogida de dorsales, con Angel y Oscar

Manolo, "el finisher" y yo, antes de la salida


los 4 fantásticos

5...4...3...

...2....1....

amanece, que no es poco

bajada de Salenques

frio? sueño? naaa....

terreno no muy corrible

piedras

y más piedras (y en el centro... ¡corredores!)
paisaje de montaña

en linea de meta, al dia siguiente. ¡Y seguían llegando!




martes, 1 de julio de 2014

Ultra Trail del Sobrarbe: Crónica

Vaya por delante que esta vez iba preparado. Aceptablemente preparado. El fondo lo había trabajado durante los primeros cuatro meses del año. La técnica en caminos y el desnivel, durante los dos últimos. Y excepto por unos pequeños problemas estomacales, la carrera fue más o menos como tenía previsto. Sin embargo lo que no me imaginaba es que el paisaje fuera tan espectacular.


El dorsal se recogía el viernes por la tarde, en la plaza mayor de Ainsa. Ana y los enanos me acompañaron a buscarlo, estuvimos un rato por la plaza, me desearon suerte y se fueron a Tramacastilla para volver al día siguiente a ver mi llegada. Cené con Jorge, su mujer y otra pareja que también iban a correr (César y Cristina). Nos hinchamos a pizza. Mucha. Creo que la terminé de digerir al día siguiente, alrededor del kilómetro 29.

Dia “D”.

4:15 a.m. Suena el despertador.  Sólo soy capaz de engullir medio bocata de bimbo con nutella, un plátano y nada más. A esas horas tengo el estómago cerrado. Me visto, recojo todo y a las cinco me pasa a buscar Cesar. Nos vamos al pabellón. 

5:15 a.m. En el pabellón nos encontramos a un gran grupo de corredores de Zaragoza. Risas, fotos, comentarios… y salimos al campo de fútbol, donde se dará la salida.

Hora "H".

6:00 a.m. Petardazo. Salida. Empezamos a correr, ya con luz de día, y a un ritmo suave y llevadero.
Los primeros kilómetros son hacia arriba, no mucho pero hacia arriba. En 10 kilómetros acumulamos unos 600 metros de desnivel positivo, pasando por el Soto, los Molinos y finalmente el Monasterio de San Beturián. Allí está el primer avituallamiento, en el que como en casi todos los que vendrán se nos ofrece  agua, acuarius, cacahuetes, galletas, plátanos y naranjas. Muy completo. Tras una breve pausa, Jorge y yo continuamos y César se queda atrás, con otro grupo de corredores de Zaragoza.

Los siguientes 8 kilómetros son más llanos que los anteriores pero con subidas y bajadas. Los realizamos en algo menos de una hora. Otro avituallamiento y empieza la diversión. Ante nosotros la subida al collado del Santo, que cubre 900 de desnivel en apenas 4.5 km. Tardamos 1h20m en subir, y la verdad es que no se hace pesado, ya que a esas horas (no son ni las diez de la mañana) todavía refresca un poco y las piernas no están cansadas.
A partir de ese punto y durante las siguientes tres horas y cuarto, vamos corriendo, andando, hablando, disfrutando de un paisaje que a mi me recuerda a muchos sitios por los que he corrido. Me imagino en el bosque del Betato, en la subida al Pacino por Crampas, en La Llacuna bajando del Castell de Vilademager, en las crestas del Infierno… Hay una gran variedad de paisajes, y tengo la sensación de haber corrido por la mayoría de ellos.  Las vistas desde ciertos puntos son impresionantes. De vez en cuando paramos y echamos alguna foto. El entorno lo vale.

En el kilómetro 42 está la meta del maratón. Llegamos allí en poco más de 7 horas. Es la una y con el cansancio acumulado, el cuerpo pide comida. En ese avituallamiento dan bocadillos de bimbo con jamón y queso. Cometo “el error” de comerme 3 medios bocatas y 3 vasos de coca-cola (es que entraban de bien…) y empezamos a correr de nuevo.  Delante, 600 metros de desnivel en 4 kilómetros. Y con la tripa llena. Y con las piernas cansadas. La subida es un suplicio, no me encuentro muy católico, pero sigo andando.  Subiendo. Ganas de vomitar, ganas de parar, la típica pregunta de "qué cojones hago aquí"… Supongo que el cuerpo, inteligente que es, me está dando dos opciones:

a)      si quieres energía, te paras, me centro en el estómago, digieres lo que llevas dentro y luego seguimos. 
b)      si quieres seguir con el esfuerzo, vomita, dejo de digerir, me centro en las piernas y vas subiendo.

Pero yo opto por la “c”: No paro,  voy subiendo, no vomito y a ver si cuela.

Tardamos 1h15 en llegar al collado. Allí como algo más, me paro 10 minutos y recupero. Ya sólo nos quedan 1000 metros de desnivel negativo repartidos en 18 km. Las piernas ya pesan, tengo una ampolla en el meñique del pie que me hace pisar mal y provoca que se me cargue toda la pierna izquierda. De vez en cuando hay subidas “muy cabronas” que no sabemos por que están allí, pero el hecho es que están y hay que superarlas. El terreno es irregular, con piedras, y requiere mucha atención para no darle una patada a una y ver el suelo de cerca. El paisaje sigue siendo espectacular. Muy variado. La Peña Montañesa que acabamos de rodear es impresionante la mires desde donde la mires.

Cuando nos acercamos a Ainsa tenemos dos kilómetros de asfalto que nos sirven para acelerar el paso y sacar las pocas fuerzas que nos quedan ocultas en algún músculo de los que se activa al cambiar de ritmo. Hemos tardado 2h45 desde lo alto del collado hasta Ainsa. En la entrada al campo de fútbol están Ana y los niños esperando, y “Zubi”, un amigo que ha venido desde Lleida para verme sufrir J. También la mujer de Jorge, que con su cámara retrata los últimos metros que reflejan el cansancio y la alegría de de terminar, o mejor dicho culminar, la Ultra Trail del Sobrarbe en 11 horas y 20 minutos. ¡Prueba superada!

En ningún momento me he planteado abandonar. Pero durante algún tramo me planteo seriamente si seré capaz de terminar el próximo reto, el que tengo dentro de cuatro semanas: el Gran Trail del Aneto-Posets. Aquello es infinítamente más duro que lo que estoy haciendo en el Sobrarbe.
Tres días después tengo claro que será difícil, pero no imposible. Como dicen algunos, cabeza... todo cabeza....

con Ana y los peques en la recogida de dorsales

con Jorge después de recoger el dorsal. 
unos cuantos "marcianos" de Zaragoza  (es como nos denomina Ana)
a 10 minutos de la salida
ambiente previo 
César, Manolo (con quien correré el Aneto), Jorge y yo. 
Jorge no pierde el humor en ningún momento
Despacito y hacia arriba
dia despejado, pero no caluroso 
Selfie
a 5 kilómetros de la meta
últimos metros. La peña Montañesa al fondo
la cara lo dice todo...
último control, en meta.  

el mapa

el perfil





lunes, 30 de junio de 2014

Balance de Junio

Vaya por delante que todavía no ha terminado el mes, pero esta tarde seguro que no saldré a correr, con lo que puedo dar por buenas las cifras acumuladas a estas horas.
Junio ha sido el mes en el que he pasado del llano de la bicicleta y la natación al desnivel de las montañas pirenaicas. A finales de mayo empecé a acumular desnivel y a andar por el monte, y durante junio he seguido así, hasta culminar con la ultra del Sobrarbe, este sábado pasado. Todavía no he escrito la crónica, pero todo llegará.

Las cifras que han salido este mes son:
  • He salido a correr (y a andar-correr) 15 días, 280 km en unas 40 horas.
  • He hecho 5 salidas de más de 4 horas, con unos 8800 metros de desnivel positivo acumulado.
  • He nadado un día, 25 minutos, 1000 metros.
Empieza Julio, y este es el mes con el reto más grande del año: el Gran Trail Aneto-Posets. Este va a ser realmente duro, y por lo que he leído, se correrá poco. Para mi se parecerá más a una ruta o travesía por montaña que a una carrera de montaña. Para prepararla intentaré subir un par o tres de veces al pirineo y acumular todo el desnivel que pueda. Y el resto de entreno, resistencia por Zaragoza.

A pasar buen mes! 

viernes, 6 de junio de 2014

Running Madness: la Western States por dentro

Vaya por delante que yo esa época no la viví. La viví, pero no como corredor. Incluso así, siento algo de nostalgia por esa época. Me considero una persona nostálgica. Una persona algo anclada en el pasado en según que temas. Incluso en épocas del pasado, tan pasado, que ni había nacido. Os pondré un par de ejemplos:

cuando empecé a escuchar música, a principios de los años 80, se me abrió un nuevo mundo. Escuchaba la música de la época (pop, disco…) grababa mis cintas de casette, veía Aplauso y Tocata con nuevos grupos como AC/DC, Leif Garret, Miguel Bosé o Mecano. Fui evolucionando,  hasta principios de la década de los 90. Dover, Green Day, Cranberries…. Y allí, a mitades de la década me planté. Como un péndulo, desaceleré y volví atrás. Más atrás de los 80, incluso de los 70 que me vieron nacer. Empecé a buscar y escuchar música de los 50 y 60. Little Richard, Otis Redding, Lynyrd Skynyrd… Me hubiera gustado vivir la época de finales de los 60. Algunas veces echo de menos una época en la que no había nacido.

Otro ejemplo. Soy informático de formación y de profesión. En principio soy un ser tecnológico. Como tantos otros, empecé a mitades de los 80 con el Spectrum de 48K. Pasé al Amstrad, me matriculé en la facultad en el 88 y viví la evolución de la informática de la década de los 90, pasando desde el PDP-11 y el lenguaje máquina al PC y al Pascal o al Visual Básic. Conforme iba aprendiendo lo nuevo, también iba leyendo sobre sus orígenes. Conforme evolucionaba Internet, yo leía sobre Arpanet. Conforme aprendía sobre seguridad informática, más me gustaba leer sobre los orígenes de ésta. Sobre los orígenes del hacking, sobre el Capitan Crunch. Os recomiendo fervientemente el libro “Los Códigos Secretos”, de Simon Singh, o el “Criptonomícon”, de Neal Stephenson. Me motivaba más leer sobre el pasado que sobre las nuevas tendencias. Una vez más, anclado en el pasado. Disfrutando más de los orígenes de lo que estaba aprendiendo en ese presente, que preocupándome de evolucionar hacia el futuro inmediato. El péndulo llegaba otra vez a su punto más alto… para retroceder.

Y esto… ¿como aplica a la “línea editorial” de este blog?.

Esta semana he visto una película que me ha hecho reflexionar sobre todo esto. Running Madnes. También os la recomiendo fervientemente. Está en inglés, pero se entiende bastante bien. Se trata de un reportaje sobre la Western States de 2002 vista por los propios corredores.
La WS es una de las carreras más míticas del mundo. Se trata de 100 Millas, a recorrer en menos de 30 horas. En la película aparecen personajes del mundo del trail running y de las ultramaratones sobre los que he ido leyendo a lo largo de estos últimos cinco años. Scott Jurek, quien ganó esa edición con unos 28 años, Tim Twietmeyer, Ann Trason… gente que aparece en los libros y artículos que voy devorando últimamente.
¿Y qué es lo que me hizo reflexionar? ¿Por qué sentí nostalgia de algo que ni he vivido? Básicamente por la puesta en escena. Conforme avanzaba el documental me daba cuenta de que pese a ser relativamente reciente (“sólo” han pasado 12 años) la estética me parece vieja. Vintage que se llama ahora. Más que vieja, me parece tecnológicamente antigua. Incluso marketinianamente nula. Como si el poco interés que tendría en esa época el hecho de que unos cuantos zumbados corrieran 100 millas, no hubiera despartado todavía a las grandes marcas, ávidas de vender sus productos, a sacar material   y a liarnos con lo que teóricamente es imprescindible para hacer algo tan simple como correr.  
En la película los corredores son eso: corredores. No son maniquís de una tienda de Barrabés, o de la sección de Trail Running del Corte Inglés. No son un catálogo de The North Face o de Salomón. Son gente con un pantalón corto, una camiseta y un bidón de agua en la mano. Ni bastones, ni mochilas, ni mallas compresoras, ni manguitos… Seguramente habría quien los llevara, pero no predominan. Una puesta en escena sencilla. Y sin embargo, capaces de correr 100 millas con un desnivel positivo de unos 5500 m. En el documental se aprecia el sufrimiento personal de los corredores, la lucha contra la fatiga mental, contra el dolor físico, contra si mismos... 

Ver esta película me ha hecho sentir lo mismo que siento cuando leo sobre la informática de los años 70 y 80. O como cuando escucho a The Shadows. Todo menos recargado, más natural… No digo que sea mejor. La evolución de las cosas permite obtener mejores productos y mejores resultados. Más rendimiento.  Pero  digo que hoy en día, el componente consumista que envuelve a cualquier evolución, ya sea en informática,  en equipación para correr, y seguramente en casi cualquier otro campo supera de largo lo necesario para mejorar realmente lo que ya se tenía. En el fondo solo se trata de correr, no?

Poneos cómodos y disfrutad de Running Madness

http://www.cultureunplugged.com/documentary/watch-online/play/3652/Running-Madness-






lunes, 2 de junio de 2014

Balance de Mayo

Vaya por delante que mayo es el mes de las flores. Han tardado en llegar, pero finalmente lo han hecho. A partir de la segunda quincena me las he encontrado a todas, corriendo por la montaña. Pero vayamos por partes...

Mayo, a parte del mes de María y del mes de las flores  ha sido el mes del segundo objetivo (o reto) del año: el triatlón de Salou.  El día 11 puse a prueba lo que había practicado durante los últimos meses. Después de ese día, una semana de descanso y he empezado a entrenarme para lo que será el tercer reto del año: el challenge pirineos.

Del 1 al 31 de mayo las cifras que han salido son las siguientes:


  • he salido a correr y a andar-correr 13 días, unos 171 km, unas 20 horas. 
  • he salido en bicicleta 2 días, 145 km.
  • he nadado 3 días, 2500 metros.



Los últimos 6 meses me he dedicado a correr por asfalto, a buen ritmo, para finalizar la Maratón de Barcelona en 3:14. También me he dedicado a pedalear (en llano) y a nadar (también en llano) para finalizar el Extreme man de Salou en 5:24. Ahora, cambio de chip: tengo que andar mucho por el monte, correr algo  y acumuar desnivel. Todo para disminuir el ritmo, aumentar la resistencia, aumentar la potencia de piernas, etc, etc, etc...

El challenge pirineos empieza le próximo 28 de este mes de junio, con una carrera de 67 km y 3800 de desnivel positivo acumulado. La ultra trail del Sobrarbe. Habrá crónica!