martes, 29 de mayo de 2012

Geoff Roes

Vaya por delante que es otro de los que destila buen rollo. Al menos, para mi. Antes de leer nada, si tenéis tiempo ved este video.




No se si es por el tono de voz, por el entorno, la música,  o por la puesta en escena tan lograda (una entrevista asando salchichas con su novia en plena naturaleza... bien buscado!) pero el caso es que Geoff Roes es uno más de los ultracorredores americanos que me ha encandilado. Como tantos otros. Como Anton Krupicka o como Scott Jurek.
Tal y como cuenta en su blog, corrió la Transvulcania este año, y abandonó en el km. 56. No se sentía bien. Dice en su blog que esto le ha pasado ya tres o cuatro veces este año pasado, y que no es una buena sensación. Se siente fuerte, con ganas, pero una vez empieza (ya sea en carrera o en entrenamiento) el resultado no es el esperado, las sensaciones no son buenas, y lo deja. Lo achaca a que lleva un tiempo en Colorado, y esto está a mucha altura. A 2600 metros de altura. Y entrenar tan alto, no le debe ir bien. Ahora se vuelve a Alaska, a 1600 metros y esto le irá mucho mejor. Es lo que tiene ser una bestia en estas cosas, que cualquier modificación del entorno te puede producir resultados no deseados. Este tío está tan bien diseñado, que como en un Formula 1, cuando alguna pieza no es perfecta o no ajusta al 100%, o caen 4 gotas, el coche no puede ir a 300km/h con soltura. A mi no me pasa. Yo soy como un Panda (el coche, no el oso) y cuando conduces a 60 km/h te da igual que alguna pieza vibre, o incluso se desmorone medio motor. Al tran-tran, llegas igualmente...
Como palmarés, ganó la Western States en 2010 (record, en 15h07m) en un final memorable junto a Krupicka y Jornet. También ganó ese año la American River 50 Mile Endurance Run, y... en fin. Buen currículum. Buscad por Internet :-)

Este año ha terminado y ganado la Iditarod Trail Invitation. Atención: 350 millas (560 kilómetros) por Alaska. Con tormentas de nieve, temperaturas inferiores a -40 grados centígrados, y por supuesto, soledad. ¡En menos de una semana! Gracias a carrerasdemontana.com y a mayayo, podéis disfrutar de la traducción de su crónica. Y os recomiendo que os la leáis, ahora o cuando tengáis 20 minutos, porque vale realmente la pena.

(Os dejo como avance, la crónica del primer día. Si la queréis leer entera en español, pinchad este enlace.
Y si  queréis la versión original... aquí)

CRÓNICA DE MI IDITAROD TRAIL INVITATIONAL 2012, POR GEOFF ROES 

 Amanecer a -40ºC del último día, menos de 20km a meta. Foto: Geoff Roes

Al participar en la Iditarod Trail Invitational, mi principal objetivo era disfrutar y abrazar cualquier experiencia que el camino me ofreciera. Mi objetivo secundario era hacer todo lo que fuera necesario para completar las 350 millas (560km)  hasta la meta en McGrath. En dos intentos anteriores (’08 y ’09)  me había retirado sin haber llegado más allá de los primeros 240km. Esta vez tenía muchas ganas de empezar mucho más lento y acelerar si me sentía bien más adelante en carrera. Por lo tanto, en realidad me sentí aliviado cuando el día antes de la salida la meteo anunciaba: “Aviso de tormenta de nieve” y “10 a 15 centímetros de nieve fresca”  Pensé que casi que no me venía mal, todo lo que me ayudara a mantener mi plan de arranque lento, bienvenido era.

Día 1

Sin embargo, en la mañana de la salida había caído muy poca nieve fresca y los vientos estaban en calma. ¿Nos había pasado por alto la tormenta o sólo es que llegaba tarde? No teníamos forma de saberlo. Todo lo que podíamos hacer cuando a las 2 de la tarde el director de la carrera, dijo: “¡VAMOS!” era  comenzar nuestro viaje por la senda hacia lo desconocido.

Nunca tuve una respuesta a la pregunta, ¿Por qué estoy haciendo esta carrera? Supongo que en muchos sentidos estaba desconcertado respecto al por qué lo estaba haciendo;  como lo estaban muchas otras personas en carrera. Sólo sabía que tenía muchas ganas de hacerlo  y que esta vez iba a hacerlo “bien”. Pero cuando llegamos al primer tramo de la ruta no estaba tan seguro. El camino estaba más blando que de costumbre y casi de inmediato mis tendones de las corvas y las caderas se sobrecargaron por hacer frente a la resistencia extra que supone tirar del trineo sobre nieve blanda. ¿Cómo diablos iba a arrastrar esta cosa durante 350 millas, si ya me estaba sintiendo bastante castigado durante unos pocos kilómetros por el camino?

Travesía del Lago Knik, apenas unos minutos tras la salida. Foto: Geoff Roes

A medida que avanzaba hacia el oeste camino del río Susitna la nieve se hizo más suave y más profunda. Por pura cabezonería no me había puesto aún mis raquetas de nieve, pero finalmente alrededor de las 12 millas no tuve ya más remedio que hacerlo. Mirando hacia atrás, probablemente debí haber salido ya con ellas puestas. En los años buenos este camino puede ser tan firme que no usemos raquetas en absoluto hasta meta, pero esta vez nos las estábamos poniendo ya antes de completar los primeros 20 km.

Marchaba muy cerca de varios corredores, Tim Hewitt, Jegerlehner Beat, Ana Ver Hoef, Dave Johnston, Andrea Hambach, Frank Janssens, y Rick Freeman mientras luchaba realmente por encontrar cualquier tipo de ritmo. La oscuridad ya era plena para el momento en que llegamos al Lago Flathorn (20 millas) y sentía que no lo estaba haciendo bien. La nieve blanda nos hacía progresar muy despacio, mientras iba pensando por dentro si todo esto no era otra cosa que un gran error.  ¿Quizá estaba ridículamente poco preparado para este reto? Es curioso ahora el volver a pensar en esta parte de la carrera, porque luego resultó que estos primeros 20 kilómetros fueron de los mejores que tendríamos  en toda la carrera. Sin embargo, en ese momento yo estaba seguro que no lograría jamás completar la carrera,  a menos que la ruta mejorase pronto y rápido.

En vez de mejorar, sin embargo, el camino rápidamente se puso mucho peor. Empezó a nevar con fuerza mientras atravesábamos el Lago Flathorn y el viento aumentó lo suficiente como para que fuera casi imposible encontrar la traza. Buscamos un atajo que nos mantuviera fuera del lago y del viento, pero abandonamos después de perder 20 ó 30 minutos pateando con la nieve hasta la cintura. En el lago las cosas siguieron empeorando.  Abríamos huella pisando sobre 15 o 20 centímetros de nieve fresca y la visibilidad era tan pobre que con cada media docena de pasos tocaba parar y asegurarse de que todavía íbamos en la dirección correcta. En algún lugar en medio de esto nos encontramos con un solitario ciclista, Phil Hofstetter, que se dirigía de vuelta hacia el extremo oriental del lago. Cuando le preguntamos a dónde iba, dijo que puesto que la nieve era demasiado profunda para la bici y no podía progresar en ninguna otra dirección, había optado por seguir el único camino por el que podía avanzar, a pesar de que lo llevaba directamente de vuelta a donde comenzó la carrera 6 horas antes. Finalmente, gracias a las raquetas fuimos capaces de abrir huella y seguir hacia Dismal Swamp. En algún lugar, en medio de este caos que era el Lago Flathorn, comencé a sentirme mucho mejor. Mis caderas se estaban soltando por fin y empecé liberarme del estrés producido por lo lento que era el avance.

Pasamos las varias horas que quedaban de esa noche, hasta las 4 de la mañana, cubriendo tal vez  8 o 10 kilómetros más, quizá algo menos. Finalmente, nuestro grupo de “corredores”, alcanzó a un grupo de una docena de ciclistas, y todos juntos empujamos hacia adelante a través de Dismal Swamp a un ritmo inferior a  2 kilómetros por hora (kmh). La nieve era tan profunda que llegué a cargar mi trineo a la espalda durante unas horas, una característica de mi trineo que había esperado no tener que usar nunca.  Cuando al fin paramos a vivaquear  durante unas pocas horas antes del amanecer,  habíamos cubierto unos 58 km en 15 horas, y a menos que alguna quitanieves llegara durante  la noche y despejara la ruta, las cosas probablemente aún irían a peor antes de empezar a mejorar.


(para seguir leyendo, pinchad este enlace)

"The satisfaction in completing it is without question the greatest I have ever had from a physical endeavor, but then again the physical is such a small part of this endeavor"

"La satisfacción por completarla es sin duda la mayor que he tenido en mi vida a partir de un esfuerzo físico,  pero además lo físico es tan solo una parte muy pequeña de este empeño"


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