Vaya por delante que esta expresión no es mía. Es de Alex, y es un concepto relacionado con el tiempo que se dedica a la actividad, no con la distancia, altura alcanzada o dificultad de la ruta. Nada que ver con "montañismo de domingueros", o "montañero de chiringuito de playa". Al contrario: es una disciplina muy exigente.
El sábado sobre las nueve de la noche me estaba tomando una caña en la Tasca Berchiles, en Tramacastilla. Alex entró por la puerta con su familia, nos saludamos, hablamos de lo que habíamos hecho los últimos días, y en un momento dado me dijo que al día siguiente quería subirse a
La Gran Facha, un 3.000 al que yo no había subido y bastante fácil según me habían comentado. Un posible destino con los niños al que antes quería ir yo para conocerlo de primera mano.
Aunque fácil, por la distancia y desnivel se suele subir durmiendo la noche de antes en el refugio de Respomuso o el de Bachimaña. Le comenté a Alex que a que hora tenía previsto salir y volver, dando por hecho que no me encajaría en horario familiar al volver tarde.
- No, no... haríamos montañismo de vermouth. Salimos cuando quieras, y a tomar el vermouth antes de las dos.
Me hizo gracia el término. Después puntualizó:
- Si vuelves después de la hora de comer, aunque sea a las tres y media, ya cuenta como día entero de cara a la pareja. Hay que volver para tomar el vermouth en familia.
El concepto estaba claro. Es como devolver un coche de alquiler más tarde de las doce. Aunque sea por media hora, si quieren te cobran un día más.
O sea, se trataba de salir a correr por montaña, y aprovechar para hacer un 3.000. Hecho. Pedí permiso, me fue concedido (una vez juré que volvería antes de las dos) y quedamos a las 6:45 de la mañana siguiente.
A las 7:15 aparcamos el coche en el embalse de la Sarra, y empezamos a correr. Subir hasta el refugio de Respomuso a esas horas es una gozada. Hay quien dirá que se está mejor durmiendo, pero una vez superada la pereza inicial, correr por allí no tiene precio. Adelantamos a algunos montañeros que habían madrugado más que nosotros, y en hora y cuarto pasamos por delante del refugio. A partir de ese punto, alternamos llanos y ligeras subidas hasta llegar a la base de la Gran Facha, subimos hasta el collado y trepamos hasta la cima. Nos costó dos horas desde el refugio, en total tres y cuarto desde el coche.
La subida final me encantó. Es una cresta de piedra que permite ir más o menos rápido ayudándote con las manos. La zapatilla se agarra muy bien. No hay pasos complicados. La sensación es la de ir subiendo por unas gradas empinadas.
Una vez arriba me quedé prendado de las vistas. El día era claro, y por la parte de Francia estaba totalmente cubierta por nubes, bastantes metros por debajo de nosotros. Delante nuestro los Infiernos, el Balaitus, y un sinfín de montañas espectaculares cuyos nombres nunca recuerdo pero que algún día subiré. Nos hicimos alguna foto, comimos algo, estuvimos un cuarto de hora en la cima y bajamos. Corrimos. Nos costó dos horas y media volver al coche desde arriba del todo.
En total 6 horas de ejercicio, con 27 km de distancia y un desnivel positivo de 1750
m. Buen entreno. Buena salida para terminar el mes. Y lo mejor, que no
me la esperaba: la decidimos el día de antes a la hora de cenar.
Por cierto, llegamos al vermouth a la hora prevista.
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| Contraluz en la cima. Lo bonito es el cielo :-) |
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| Selfie |
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| Alex sobre las nubes |
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| Panorámica desde la cima |
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| Los Infiernos |
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| Ibon de Bachimaña |
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| Ibon de Respomuso |
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| Una Virgen |
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| Francia bajo las nubes |
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| Panorámica desde la cima |