lunes, 28 de julio de 2014

Gran Trail Aneto-Posets: crónica (I)

Vaya por delante que abandoné. Como dirían Faemino y Cansado, "Soy un not-finisher (en su caso, soy el típico vendedor a domicilio), que lejos de avergonzarse de ello, se enorgullece de serlo". A ver, no es que esté orgulloso del abandono. Estoy orgulloso de haber tomado una decisión correcta, o que luego he visto que era la correcta. El domingo no tenía nada claro si había hecho bien. Hoy ya lo tengo mucho más. Las conclusiones que he sacado pesan más que la insatisfacción de no haber terminado. Lo que he aprendido durará más que la satisfacción que tendría de haber terminado todo el recorrido. Pero esto lo contaré en la siguiente crónica, cuando ya tenga las ideas asentadas del todo. En este post, la crónica de la carrera en si.

Llegamos a Benasque sobre las 19:30 del viernes. Oscar (aqui su crónica), Angel y yo.  Como siempre, recogida de dorsal, control de material obligatorio, fotos... Habían dado lluvias hasta media noche, pero no fue así. Por suerte se equivocaron de unas horas y la tormenta pasó antes. Eso sí, dejó la montaña bastante mojada.
Cenamos, nos cambiamos y fuimos a la zona de salida. Manolo ya estaba allí, cambiado y apunto de iniciar su personal proeza. Fue el único que completó todo el recorrido. Nos habíamos inscrito como equipo, él y yo. Al final sólo pudo acabar él (mi más sincera enhorabuena, campeón!). Poco a poco la plaza se fue llenando de gente. Público, corredores...Todos preparados para lo que iba a ser un gran fin de semana dedicado a una de las cosas que más me gustan. Conforme se acercaba la media noche, la emoción se iba concentrando en el pequeño recinto en el que estábamos los aproximadamente 250 corredores que íbamos a tomar la salida. De todos, sólo 122 terminaría. Allí estábamos Oscar, Ángel, Manolo y yo. A punto para realizar nuestra proeza. 5...4...3...2...1...BOOM!

Empezamos a correr. Fueron sin duda los minutos más intensos y emocionantes que he vivido en una salida. Pasar por las estrechas calles de Benasque abarrotadas de gente animando, gritando y aplaudiendo, todos los corredores con frontal, bastones, mochilas... Es una sensación que no se puede describir.  Poco a poco fuimos saliendo del pueblo y enfilamos la carretera hacia Baños del Benasque. Ángel iba lesionado y correría a su ritmo. Oscar, Manolo y yo nos habíamos separado durante la salida, y nos reagrupamos. Baños del Hospital, y a las 03:30 a.m. nos plantamos en el refugio de la Renclusa. Unos 20 km, y 1300 de desnivel positivo acumulado. Comimos y bebimos algo, y yo aproveché para cambiarme de ropa y ponerme guantes. Llevava la camiseta empapada y me estaba enfriando. Además, íbamos a ganar altura y seguro que haría frío.

El siguiente tramo, hasta el collado de Salenques fue muy duro. Era de noche, encontramos los primeros neveros y el desnivel era considerable. Además, nos metimos de lleno en la zona de grandes rocas de granito, ideal para cansar bien las piernas. Llegamos al collado (km 26, D+ acum 2300m) a las 06:45, ya con luz de día. La bajada estaba equipada con una cuerda en la parte inicial, para evitar tener que pasar por el nevero. Fuimos bajando, pasando de piedra en piedra y cuando podíamos y el desnivel lo permitía, pisando la nieve. Se agradecía pisar algo blando después de tanto granito...

Esos siguientes 12 km fueron demoledores: bajada de 500m, subida de 500m, bajada de 500, subida de 500... Las subidas se me estaban haciendo muy duras. Si aceleraba el paso, se me aceleraba el ritmo cardíaco. Esos últimos 20 kilómetros estaban transcurriendo entre los 2300 y los 2700 metros de altitud. Y realizar esfuerzo a esa altura puede provocar hipoxía. Falta de oxígeno. Y lo estaba pagando con fatiga. En este punto de la carrear íbamos Oscar y yo solos. Manolo andaba unos 15 minutos por delante, a un ritmo algo más ligero. Nosotros dos, maldecíamos cualquier desnivel positivo. Llegar a un collado y ver que todavía no era el último es algo que frustra mucho. De repente, cuando te ves en el punto más alto te das cuenta de que el punto más alto no era ese, y que está más lejos, y más alto. Y cuando lo alcanzas, te das cuenta que tampoco lo era. Que te queda otro por subir. Esto, combinado con lo incómodo de ir pisando grandes bloques de granito durante tantas horas nos hizo decidir que no estábamos preparados para afrontar toda la carrera. No le dimos muchas más vueltas. Simplemente lo decidimos.
Cuando iniciamos el descenso hacia Benasque (20 Km, desnivel negativo de 1500 metros) ya sabíamos que no terminaríamos toda la carrera. La bajada también se nos hizo cuesta arriba. Empezó a pasarnos alguno corredor de la prueba "Vuelta al Aneto".  Habían salido siete horas más tarde y ya nos daban caza. ¡Vaya máquinas! Llegar a Benasque desde el punto más alto nos costó unas 5 horas. Los primeros 7 km, todavía con rocas gigantes en 2 horas. Lo mismo que los últimos 13, en los que al tratarse de una pista pudimos correr bastante.
Llegamos a Benasque y pasamos por la línea de meta, entre multitud de aplausos de un público que estaba ya recibiendo a los ganadores de la Vuelta al Aneto, y que estaba apunto de recibir al ganador del Gran-Trail. Este llegó un par de minutos después que nosotros. En el tiempo en que yo había completado 58 km y 3700 D+, él había dado además la vuelta al Posets, sumando 109 km y 7000 D+. 
Nos dirigimos al pabellón de Benasque, punto de avituallamiento situado a mitad de carrera. Manolo estaba allí, recién duchado y listo para emprender la segunda parte. Nosotros le dijimos que lo dejábamos, que no nos veíamos después de 17 horas, iniciando otra sesión de 17 horas más, andando, viendo como anochecía y volvía a amanecer. Personalmente me encontraba bastante mejor que cuando estaba en los collados a 2700 metros, pero mi cabeza no lo dudó. No merecía la pena meterse otra vez en carrera.
Nos retiramos. Honrosamente, y orgullosos de haber finalizado la Vuelta al Aneto en 17 horas. Hotel, ducha y nos fuimos a tomar unas merecidas jarras de cerveza con Angel, quien también tuvo que abandonar, Chevy, quien iba a correr su primera media al día siguiente y  Jorge, quien acababa de correr la maratón de las Tucas.
Hay que decir que el ambiente de este fin de semana en Benasque ha sido increible. No digo insuperable, porque seguro que se puede superar. Han organizado cinco carreras en dos días, abarcando desde la de 109 Km hasta la de 9. Para todos los públicos y edades. Un fin de semana de fiesta en pleno Pirineo. Un fin de semana para repetir.

Cuando abandoné sabía que tenía que hacerlo, y también sabía que al día siguiente me arrepentiría. Y así fue, pero sólo de forma fugaz. Ver como entraba Manolo a las 10 de la mañana del domingo, después de 34 horas me hizo pensar por un momento "yo también debería estar cruzando esa linea de meta". Pero ahora mismo tengo claro que hice bien, que hice lo correcto. Y profundizando más, me ha servido para reflexionar y sacar muy buenas conclusiones. Las contaré en la siguiente entrada del blog.

Aqui dejo alguna foto de la jornada.

recogida de dorsales, con Angel y Oscar

Manolo, "el finisher" y yo, antes de la salida


los 4 fantásticos

5...4...3...

...2....1....

amanece, que no es poco

bajada de Salenques

frio? sueño? naaa....

terreno no muy corrible

piedras

y más piedras (y en el centro... ¡corredores!)
paisaje de montaña

en linea de meta, al dia siguiente. ¡Y seguían llegando!




martes, 1 de julio de 2014

Ultra Trail del Sobrarbe: Crónica

Vaya por delante que esta vez iba preparado. Aceptablemente preparado. El fondo lo había trabajado durante los primeros cuatro meses del año. La técnica en caminos y el desnivel, durante los dos últimos. Y excepto por unos pequeños problemas estomacales, la carrera fue más o menos como tenía previsto. Sin embargo lo que no me imaginaba es que el paisaje fuera tan espectacular.


El dorsal se recogía el viernes por la tarde, en la plaza mayor de Ainsa. Ana y los enanos me acompañaron a buscarlo, estuvimos un rato por la plaza, me desearon suerte y se fueron a Tramacastilla para volver al día siguiente a ver mi llegada. Cené con Jorge, su mujer y otra pareja que también iban a correr (César y Cristina). Nos hinchamos a pizza. Mucha. Creo que la terminé de digerir al día siguiente, alrededor del kilómetro 29.

Dia “D”.

4:15 a.m. Suena el despertador.  Sólo soy capaz de engullir medio bocata de bimbo con nutella, un plátano y nada más. A esas horas tengo el estómago cerrado. Me visto, recojo todo y a las cinco me pasa a buscar Cesar. Nos vamos al pabellón. 

5:15 a.m. En el pabellón nos encontramos a un gran grupo de corredores de Zaragoza. Risas, fotos, comentarios… y salimos al campo de fútbol, donde se dará la salida.

Hora "H".

6:00 a.m. Petardazo. Salida. Empezamos a correr, ya con luz de día, y a un ritmo suave y llevadero.
Los primeros kilómetros son hacia arriba, no mucho pero hacia arriba. En 10 kilómetros acumulamos unos 600 metros de desnivel positivo, pasando por el Soto, los Molinos y finalmente el Monasterio de San Beturián. Allí está el primer avituallamiento, en el que como en casi todos los que vendrán se nos ofrece  agua, acuarius, cacahuetes, galletas, plátanos y naranjas. Muy completo. Tras una breve pausa, Jorge y yo continuamos y César se queda atrás, con otro grupo de corredores de Zaragoza.

Los siguientes 8 kilómetros son más llanos que los anteriores pero con subidas y bajadas. Los realizamos en algo menos de una hora. Otro avituallamiento y empieza la diversión. Ante nosotros la subida al collado del Santo, que cubre 900 de desnivel en apenas 4.5 km. Tardamos 1h20m en subir, y la verdad es que no se hace pesado, ya que a esas horas (no son ni las diez de la mañana) todavía refresca un poco y las piernas no están cansadas.
A partir de ese punto y durante las siguientes tres horas y cuarto, vamos corriendo, andando, hablando, disfrutando de un paisaje que a mi me recuerda a muchos sitios por los que he corrido. Me imagino en el bosque del Betato, en la subida al Pacino por Crampas, en La Llacuna bajando del Castell de Vilademager, en las crestas del Infierno… Hay una gran variedad de paisajes, y tengo la sensación de haber corrido por la mayoría de ellos.  Las vistas desde ciertos puntos son impresionantes. De vez en cuando paramos y echamos alguna foto. El entorno lo vale.

En el kilómetro 42 está la meta del maratón. Llegamos allí en poco más de 7 horas. Es la una y con el cansancio acumulado, el cuerpo pide comida. En ese avituallamiento dan bocadillos de bimbo con jamón y queso. Cometo “el error” de comerme 3 medios bocatas y 3 vasos de coca-cola (es que entraban de bien…) y empezamos a correr de nuevo.  Delante, 600 metros de desnivel en 4 kilómetros. Y con la tripa llena. Y con las piernas cansadas. La subida es un suplicio, no me encuentro muy católico, pero sigo andando.  Subiendo. Ganas de vomitar, ganas de parar, la típica pregunta de "qué cojones hago aquí"… Supongo que el cuerpo, inteligente que es, me está dando dos opciones:

a)      si quieres energía, te paras, me centro en el estómago, digieres lo que llevas dentro y luego seguimos. 
b)      si quieres seguir con el esfuerzo, vomita, dejo de digerir, me centro en las piernas y vas subiendo.

Pero yo opto por la “c”: No paro,  voy subiendo, no vomito y a ver si cuela.

Tardamos 1h15 en llegar al collado. Allí como algo más, me paro 10 minutos y recupero. Ya sólo nos quedan 1000 metros de desnivel negativo repartidos en 18 km. Las piernas ya pesan, tengo una ampolla en el meñique del pie que me hace pisar mal y provoca que se me cargue toda la pierna izquierda. De vez en cuando hay subidas “muy cabronas” que no sabemos por que están allí, pero el hecho es que están y hay que superarlas. El terreno es irregular, con piedras, y requiere mucha atención para no darle una patada a una y ver el suelo de cerca. El paisaje sigue siendo espectacular. Muy variado. La Peña Montañesa que acabamos de rodear es impresionante la mires desde donde la mires.

Cuando nos acercamos a Ainsa tenemos dos kilómetros de asfalto que nos sirven para acelerar el paso y sacar las pocas fuerzas que nos quedan ocultas en algún músculo de los que se activa al cambiar de ritmo. Hemos tardado 2h45 desde lo alto del collado hasta Ainsa. En la entrada al campo de fútbol están Ana y los niños esperando, y “Zubi”, un amigo que ha venido desde Lleida para verme sufrir J. También la mujer de Jorge, que con su cámara retrata los últimos metros que reflejan el cansancio y la alegría de de terminar, o mejor dicho culminar, la Ultra Trail del Sobrarbe en 11 horas y 20 minutos. ¡Prueba superada!

En ningún momento me he planteado abandonar. Pero durante algún tramo me planteo seriamente si seré capaz de terminar el próximo reto, el que tengo dentro de cuatro semanas: el Gran Trail del Aneto-Posets. Aquello es infinítamente más duro que lo que estoy haciendo en el Sobrarbe.
Tres días después tengo claro que será difícil, pero no imposible. Como dicen algunos, cabeza... todo cabeza....

con Ana y los peques en la recogida de dorsales

con Jorge después de recoger el dorsal. 
unos cuantos "marcianos" de Zaragoza  (es como nos denomina Ana)
a 10 minutos de la salida
ambiente previo 
César, Manolo (con quien correré el Aneto), Jorge y yo. 
Jorge no pierde el humor en ningún momento
Despacito y hacia arriba
dia despejado, pero no caluroso 
Selfie
a 5 kilómetros de la meta
últimos metros. La peña Montañesa al fondo
la cara lo dice todo...
último control, en meta.  

el mapa

el perfil