martes, 31 de diciembre de 2013

Balance de Diciembre


Vaya por delante que en estas fechas se me acumulan los artículos. Se me solapan el resumen mensual, el resumen anual y otro texto que tengo en borrador y que debería publicar un día de estos. 
Vayamos por partes. Hoy toca el resumen mensual. 

Durante diciembre he continuado con el entreno de calidad que empecé en noviembre. Ha sido un mes bastante duro, en el que básicamente he entrenado series. Dos sesiones de series por semana. Además, otros dos días a la semana me ha tocado salir a "trotar". En total, 4 días de entreno por semana. 
Nunca había entrenado haciendo series, al menos no con tanta constancia, y reconozco que va bien. Lo que al principio me costaba, ahora noto que lo aguanto más relajado. Estoy consolidando ritmos más altos. De hecho, era el único objetivo que tenía cuando me propuse entrenar la maratón de Barcelona de forma seria: deshacerme un poco de los ritmos lentos a los que había acostumbrado a mi cuerpo. Dejar atrás el trote cochinero al que últimamente me había acomodado. Salirme de esa zona de confort. Y creo que lo estoy consiguiendo. 

Las cifras que me han salido son:

  • he salido a correr 20 días, un total de 184 kilómetros en unas 20 horas
  • cero natación
  • cero bicicleta


De cara a enero, seguiré con el entreno de calidad. Este mes toca 5 días por semana, y según he visto en el planning, un día de series, uno de cuestas o de técnica, y tres de trotes más largos y a más ritmo. 
Intentaré además meter algún día de natación, y alguno de estiramientos. 

En fin, mañana día 1 de enero de 2014. Toca descanso. 

¡Feliz Año Nuevo a todos! 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Reencuentro con el invierno

Vaya por delante que todavía estamos en otoño. ¡Pero quien lo diría! Este fin de semana me subí al pirineo a pasar el puente. Aunque me estoy preparando la maratón de Barcelona y mi entreno incluía una tirada en llano de 30 minutos a 4'45" el kilómetro, ya se sabe que la cabra tira al monte. ¡Como voy a estar en Tramacastilla y no subirme ni que sea al ibón de Piedrafita cruzando el bosque del Betato!
Salí de casa a las 9 a.m. El termómetro que tengo en la puerta de casa marcaba -4ºC, o lo que es lo mismo, un frío de cojones. Abrigado, empecé a correr. Cuando llegué a la pista que une Tramacastilla con Piedrafita me encontré lo que me temía: hielo. La pista estaba cubierta de nieve dura y de hielo. Pude seguir corriendo (algún tramo andando con cuidadín) hasta la subida hacia el bosque. Allí dudé en ponerme los micro-crampones que astutamente había cargado en la mochila. Pero se podía correr; con cuidado pero se podía. Cuando abandoné el bosque me encontré con el sol. De repente la temperatura subió calculo que hasta los 5 grados, o más. Me quité ropa, los guantes, el gorro... y seguí corriendo. Llegué al ibón en aproximadamente una hora. El día en ese momento ya era soleado, fresco pero soleado. Gran día para tomar un vermouth en una terraza (eso lo haría más tarde). Como siempre, vistas espectaculares. La bajada fue tranquila, vigilando bien las pisadas y disfrutando también como siempre.
48 horas después, ya en Zaragoza, me ha tocado enfrentarme a la otra cara del invierno (otoño todavía). Esta es más dura. Sin nive, pero con niebla. Temperaturas que no superan los 3 grados. Humedad, frío... da pereza, pero como he dicho estoy entrenando para la maratón de Barcelona, y toca seguir el plan. Un día series, y al siguiente trote de 45 minutos.
Mientras corría por el Parque Grande, de noche, con frío, solo... recordaba como estaba corriendo apenas tres días antes en un entorno pintoresco, fresco, luminoso... en mi entorno. Definitivamente me quedo con la montaña. ¡La cabra tira al monte!


fresquito...

la pista, helada


primeros rayos de sol

here comes the sun...

un bonito río

un bonito "sendero"


no hicieron falta los microcrampones

el oso que vigila a la Sierra de la Partacua

lunes, 2 de diciembre de 2013

Balance de Noviembre

Vaya por delante que no me he quitado esos 3 kilos. Hablo de los 3 que cogí en Octubre. Aquí siguen. En mi interior. Dentro de mi. Noviembre ha sido el segundo mes de relax; no me refiero al relax de no hacer nada, me refiero a relax en cuanto a autodisciplina,  alimentación, horas de sueño... lo que mis hijos estudian en conocimiento del medio como "buenos hábitos", o "hábitos saludables". 
En cuanto a lo deportivo, este mes he empezado a entrenar para la maratón de Barcelona. Y para hacerlo de una forma ordenada, motivadora y coherente, me he hecho con los servicios de un entrenador personal. Hace tiempo que le estaba dando vueltas a la idea de no autoentrenarme con un plan descargado de Internet, así que hablé con Juan y le dije que me preparara un plan personalizado para correr la maratón de Barcelona en Marzo. Además de seguir las sesiones que me prepara, un día a la semana quedo con él y un grupo de corredores que también están preparando sus retos y corremos juntos. Hacemos series, fartlek.... entrenamiento de calidad. La verdad es que sólo llevo 3 sesiones pero me parece acertadísimo. Algún día escribiré sobre las ventajas de entrenar en grupo. 

Las cifras que me han salido son:
  • he salido a correr 15 días, un total de 115 Km en unas 13.5 horas.
  • he nadado 2 días, un total de 1250 metros.
  • cero bicicleta

En Diciembre tengo previsto seguir con el entrenamiento de calidad para la Maratón y empezar con los ejercicios de gimnasio, aunque los haga en casa. También tengo como intención (y ya se que no es el mes más apropiado) reactivar los "hábitos saludables". Ya os diré si lo consigo...

jueves, 21 de noviembre de 2013

Preparando el 2014

Vaya por delante que todo puede cambiar, pero a estas alturas ya tengo bastante definido lo que va a ser el 2014. Más o menos se por donde van a ir los tiros. Os voy a hacer partícipes de como ha sido el proceso de decisión.
Este año tenía dos retos principales: finalizar un triathlon de larga distancia ("medio Ironman") y finalizar una ultra-trail de montaña de 100 Km. Me dije que una vez hubiera cumplido con los dos retos, decidiría que iba a hacer en 2014: participar en un Ironman "entero", o  dedicarme en cuerpo y alma a la montaña.
Terminé el triathlon y terminé la ultra. Y disfruté entrenando y participando en el triathlon, y disfrute entrenando y participando en la ultra. ¿Qué hacer entonces de cara a 2014?

Primera decisión: Ironman si, Ironman no.
Los dos compañeros de Andandaeh (Fran y Tony) con quienes fui al triathlon de Valencia se han inscrito al Ironman de Mallorca y al Triathlon de Vitoria respectivamente. Y por supuesto, me han intentado embarcar en su hazaña. Presionando. Metiendo "ruido" en mi decisión.
La gran diferencia entre Fran, Tony y yo es que ellos son ciclistas desde hace muchos años. Además corren y nadan. Creo que preparándose durante un mes podrían terminar tranquilamente un Ironman. Yo, sin embargo, no soy ciclista. El año pasado no hice más de 850 Km. Lo justo para preparar los 90 del triathlon de Valencia. No tengo base ciclista, y para prepar un Ironman necesitaría muchas horas de bicicleta. Muchas. Y no las tengo. Podría prepararme para correr una cicloturista de 200 km, y terminarla en condiciones. Pero creo que no dispongo de tiempo material para preparme 180 Km de bicicleta después de haber nadado 3800 m. y antes de correr 42 Km. No al menos para terminar dignamente. Podría si mi objetivo fuera sólo el Ironman, y este fuera en septiembre u octubre. Pero no quiero renunciar a alguna ultra en junio, julio o agosto. Decidido. No hay tiempo para todo. No habrá Ironman.

Segunda decisión: montaña... ¿cuánta?
Esta decisión ha sido fácil. Toda la montaña que pueda. Ahora mismo llevo en la cabeza la idea de terminar la Pirineos Challenge, un circuito que incluye cuatro ultras de montaña que transcurren por el Pirineo Aragonés.

Es posible que haya alguna variación. Mis colegas de Andandaeh, ultreros también, tienen en mente el Gran Trail de Peñalara. A lo mejor me apunto con ellos.

Tercera decisión: ¿cómo me preparo? 
Con el plan de 2013 me he convertido en un corredor "diesel". Aguanto mucho, pero a "ritmo ultra". Al tran tran. He perdido chispa, ritmo, y mi intención es recuperarlo. Y que mejor forma de hacerlo que dedicar el primer trimestre del 2014 a prepararme una maratón de asfalto. El asfalto no me emociona, pero me obligará a entrenarme con algo de calidad y prepararme para afrontar el entreno de fuerza y resistencia que haré durante la primavera y que necesitaré para verano. Maratón de Barcelona, a mitades de Marzo. Adjudicada.
Además, que no tenga tiempo de preparar un Ironman a la vez que me preparo para el Challenge Pirineos no significa que quiera dejar de nadar ni de ir en bicicleta. Estas disciplinas forman parte del entreno cruzado, y por si fuera poco, en 2013 he disfrutado nadando y pedaleando. Como me gusta trabajar contra un objetivo... Medio Ironman de Salou, en Mayo. Adjudicada también.

En resumen, el primer boceto para 2014 es:

Trimestre 1.
Fondo -> preparación de calidad . Volumen, series, fartlek...
Trabajo físico -> tonificación general, tronco, espalda, abdominales y lumbares (core), piernas, etc.
Carreras: Botifarunner en Febrero, Maratón de Barcelona en Marzo.

Trimestre 2.
Fondo -> bicicleta, natación, correr.
Trabajo físico -> tonificación general e intensificar el trabajo de core y piernas. Trabajar la potencia y la resistencia.
Carreras: Jorgeada, triathlon de Salou.

Trimestre 3.
Fondo -> resistencia
Trabajo físico -> core y pierna
Carreras: Challenge Pirineos.

 Como digo, esto es el primer boceto. Lo iré ajustando sobre la marcha, pero no creo que la cosa varie mucho a como la he descrito. De todas formas, iré contando los avances y las variaciones. 
 

viernes, 15 de noviembre de 2013

Maratón de Nueva York: crónica de Jorge Royo

Vaya por delante que Jorge es el corredor que aparece detrás mío en la foto de cabecera del blog. Él es más de asfalto. Yo más de montaña. Él ve una proeza que yo corra 100 Km. Yo veo imposible bajar de 3 horas en una Maratón. Y él lo hace. Él es un gran corredor, y un amigo. Corrimos juntos la Maratón de Berlín, y este año se ha ido a correr a Nueva York, como los grandes. No fue en un paquete turístico, no. Le admitieron por marca personal, no por sorteo. Por mértios. Es decir... como los grandes.
¡Os dejo su crónica!



Maratón de Nueva York,  3 de noviembre de 2013


Cualquier crónica de otro maratón comenzaría hablando de los resultados, de los tiempos, del recorrido, de cuestiones más técnicas tal vez, sin embargo mi relato sobre el maratón de Nueva York no puede ser así, si acaso esos aspectos quedarán para otras tertulias atléticas. Esta carrera es algo más que un maratón, es un acontecimiento para toda una ciudad y para muchos miles de corredores populares de todo el mundo que como yo, hemos soñado alguna vez con correr por las calles de la gran manzana.

No leeréis nada que tal vez no hayáis leído ya o que alguno de vosotros hayáis podido vivir, aún así, éstas son mis vivencias en este maratón.

Todo comenzó a gestarse ahora hace poco más de un año, en Berlín, tras haber corrido el maratón de esa ciudad. Había conseguido un excelente tiempo para mí en ese estupendo circuito y empecé a soñar con poder correr algún día en Nueva York. Miré los tiempos que se requerían para poder inscribirse y aunque por poco, lo cumplía, así que ¿porque no soñar con que me pudieran admitir?, sin embargo, el 29 de octubre de 2012 el mortífero huracán Sandy truncó además de muchas vidas, el desarrollo del maratón de Nueva York de ese año, ya que éste se suspendió en el último momento, y aquella catástrofe retrasó el proceso de admisión para el año 2013, hasta que un 30 de mayo recibí el mensaje de la organización, ¡había sido aceptado para correr el maratón!. Lo que hasta entonces simplemente había sido una mera ilusión, se convertía en realidad. Cinco meses me separaban todavía de estar en la línea de salida del Verrazano-Narrows Bridge y todo por hacer. Muchos consejos leí y me transmitieron, pero de todos me quedé con uno: “disfruta de esta gran carrera, es única”. No dediqué mucho tiempo a pensar en ello y en julio empecé mi plan de entrenamiento, mientras Isabel preparaba a conciencia este viaje para toda la familia, junto a mis hijas Eugenia e Elena que no se querían perder tampoco este acontecimiento.

Entrené y entrené, julio, agosto, septiembre, octubre, quería disfrutar de la carrera y para ello tenía que estar preparado y pasó el tiempo tan rápido que cuando me di cuenta sólo quedaba una semana para partir, cuando la mala suerte de los últimos días hizo que cogiera un enfriamiento que me dejó bastante tocado, tanto física como moralmente. Pero pensé que eso era una prueba más que había que superar y que no iba a hacerme reblar. Como fuese yo correría.

Y llegó el viaje, los aeropuertos, los aviones, los traslados. Recogí el dorsal en el Jacob Javits Center, hacía un día estupendo y se respiraba el ambiente del maratón por toda la ciudad, la gente te preguntaba si ibas a correr, todo el mundo te deseaba good luck, era fantástico y por fin, el día 3 de noviembre, a las seis de la mañana, noche cerrada todavía, frente a la Public Library de la Quinta Avenida, en fila cientos de corredores para tomar los autobuses que nos llevasen a Fort Wadsworth, en Staten Island, junto a la salida en el Verrazano-Narrows Bridge. Frío intenso, caras sonrientes, muchas nacionalidades, muchas lenguas y mucha ilusión. Hora y media casi para llegar a la zona de salida y unas medidas excepcionales de seguridad para poder entrar, revisión de mochilas, detectores de metales, perros policía y mucha, mucha policía. Se palpaba en el ambiente el recuerdo de Boston. Por fin, después de pasar todos los controles entro en la zona de la que tanto me habían hablado. Ya había amanecido, unos corredores iban de un lado para otro, otros esperaban sentados, otros en una carpa donde había una celebración religiosa, otros escuchaban música. Seguía haciendo frío, la gente se abrigaba como mejor podía y yo hago un recorrido de reconocimiento para situarme y hago fila para tomarme un té y después otra fila para tomarme el famoso Dunkin´Donuts, pero mientras tanto escucho la llamada de apertura de mi zona de espera de salida, corrales los llaman, así que me voy y me quedo sin probarlo. Sigo abrigado, hace mucho frío y viento, allí nadie calienta, todavía queda una hora pero no hay sitio suficiente para calentar. Sigo esperando, sigo observando a todos esos corredores venidos de tantas partes del mundo, algunos tienen aspecto de ser muy buenos atletas y yo me digo que también estoy allí, como ellos y que quiero disfrutar de esta carrera, que he venido para eso. Última visita al servicio y finalmente abren la zona de espera y nos conducen al comienzo del puente, me voy quitando ya capas de ropa que dejo en unos contenedores para beneficencia, pero me reservo todavía parte de la ropa ya que todavía quedan bastantes minutos de espera. Me doy cuenta que aquí nadie ha calentado, seguimos agrupados protegiéndonos unos a otros del frío, veo a gente temblar, veo a gente compartir su ropa, veo a gente reir, a otros rezar y llegan las presentaciones de los corredores de élite, el himno norteamericano cantado por una niña, silencio, respeto, concentración, cada uno pensamos en lo nos espera y en lo que nos ha costado estar allí, y por fin se escucha el famoso New York, New York, que debe ser tradicional en esta carrera y la salva de un cañón, y empezamos a correr, o casi mejor debería decir a andar, ya que apenas puedo dar una zancada.





El Verrazano-Narrows Bridge sube y sube, pero salgo con fuerza, ha llegado el momento, tengo ganas de despegarme este frío y apenas noto la subida. Bajamos el puente y entramos en Brooklyn







y allí aparece el público, ese público que durante toda la carrera no va a desaparecer y no va a desfallecer en su ánimo; 4ª avenida, el sol parece que nos quiere calentar un poco y me desprendo del gorro, algo mas adelante de los guantes, pero los manguitos me acompañaran hasta la meta. Miles de voluntarios, niños y niñas ofreciéndote sus palmas para chocarlas, gritos, música, ánimo a todos los corredores. Hace frío pero el público te transmite calor.



Sigo mi ritmo, llevo en la cabeza los tiempos que debo cumplir, y el entrenamiento me da confianza, bebo un vasito de isotónica en todos los avituallamientos, que son muchos, no debo olvidarme de la hidratación a pesar del frío. Esta 4ª avenida es muy, muy larga, pero cada milla que pasa vas viendo un ambiente diferente, gente diferente, músicas distintas. Vamos avanzando, seguimos por las avenidas de Lafayette, Bedford y Manhattan y llegamos a la mitad de la carrera, ya estamos en Queens y comienza el paso de los puentes, voy bien, paso según lo previsto. Busco a mi familia por dónde me habían dicho que estarían, pero es muy difícil encontrarlos entre tanta gente (ellas si que me vieron). No pienso en el final, mi meta la tengo cada cinco kilómetros y ahora empieza un muro de verdad, primero cruzamos el puente Pulaski,




un aperitivo previo al puente de Queensboro que arranca en Long Island City para pasar sobre el East River y Rooselvet Island. Largo, este puente se me hace muy largo. Allí, durante esos kilómetros no hay público, sólo el sonido de las zancadas y la respiración de los corredores que me acompañan que ya empiezan a serme familiares,


llevamos ya unos kilómetros corriendo juntos, mi ritmo decae, la pendiente se nota, pero entramos en Manhattan por la 1ª avenida y el público se da cuenta en  nuestras caras del esfuerzo y anima más, vamos en dirección a Harlem, 



cruzamos el puente Willis, donde dicen que te encuentras el muro, para seguidamente entrar en el Bronx. Estos puentes hacen mella y vamos camino del kilómetro 35 entrando nuevamente en Harlem por la 5ª avenida. Estos kilómetros son los que llamo yo entrar en “tierra ignata” por no saber nunca que puede pasar. Ya voy pensando en que queda poco, en que hace falta un último esfuerzo porque mi ritmo ha decaído, restan 7 kilómetros y no van a ser fáciles. Llegamos a Central Park y veo a lo lejos una serpiente multicolor de corredores y digo que los veo, lo que me indica que la calle tira para arriba y lo empiezan a sentir mis piernas, y ahora empiezan esos momentos dónde ya no sirve el entreno, sino la mente. Veo corredores que se paran, calambres, agotamiento. Trato de animarme, estoy corriendo en  Nueva York, estoy en Central Park y voy a conseguir un sueño. 



Ahora no puedo desfallecer aunque mis piernas me dicen que no pueden más, pero incremento mi ritmo, me fijo en corredores de referencia para no perderlos y tratar de alcanzarlos y es que este parque es muy, muy grande, que costoso se me hace, hasta que finalmente llegamos a Columbus Circle. Allí la gente se arremolina y anima sin parar, saben que es el último esfuerzo, el último giro y entro de nuevo en Central Park, aparecen el recorrido vallado, las señales de los últimos metros, las últimas yardas y de las gradas llega ese grito alentador, el speaker cuenta los segundos que restan para las tres horas, 10,9,8…miro mi crono, sí, lo voy a conseguir y levanto los brazos cruzando la meta, lo he conseguido.




He finalizado y estoy agotado pero contento, enseguida me cubren con una capa y me dan la enhorabuena, me colocan una medalla, que nos hemos ganado todos por llegar y voy andando, despacio, mirando el parque, por allí ya no hay público hasta la zona de encuentro con mi familia, me lo tomo con calma, bebo de una botella de la bolsa de avituallamiento y sigo poco a poco hacia la salida, todos los voluntarios te saludan, congratulation, respondes con una sonrisa, salgo del parque a la altura del tristemente recordado edificio Dakota e imagino por un momento a John paseando por ese parque que tanto veía, pronto me ponen una nueva capa mas recia y salgo al encuentro, me espera Isabel y mis hijas Eugenia y Elena, me pregunta como estoy pero sabe que me ha ido bien, me ve sonriente, me vio a mitad de carrera con cara de sufrimiento, pero es mi gesto. Me cambio de ropa, unas fotos y nos vamos para el hotel. No me doy cuenta pero no me he quitado la medalla del cuello, y vamos en el metro y la gente me observa, sonríen, saben que soy uno de los cincuenta mil corredores que han corrido por sus calles haciendo de ese 3 de noviembre un día especial.


Se terminó el maratón de Nueva York, se cumplió el sueño, pero siempre quedará en nuestro recuerdo.

Jorge Royo Mallén                    Noviembre de 2013

 


lunes, 4 de noviembre de 2013

Las colinas de mi vida

Vaya por delante que ni yo soy Kilian Jornet, ni esto tiene nada que ver con Summits of my life. Es otra cosa. Lo de Kilian es un proyecto suyo, con sus objetivos y sus intereses. Lo mío es un proyecto mío, sin ningún objetivo ni interés más allá que introducir una "subida rápida" de vez en cuando a algún sitio por el que suelo andar o correr por montaña.
Cada cierto tiempo, sin estresarme, y sólo para comprobar mi estado de forma, hago una salida (suele ser una subida) cronometrada. He subido desde el Bar Mesón Lavedán en Tramacastilla hasta el Ibón de Piedrafita en 38'50". Subir y bajar me ha costado 1h10'. He subido al Pacino desde el mismo sitio (por el camino de crampas) en 1h13'. Subir y bajar, en 2h15'.
Este sábado pasado me plantifiqué delante del Garmo Negro (3051 m). El primer intento de alcanzar la cima cronometrando fue en septiembre, pero me quedé a medias debido a la tormenta que tenía justo encima de mi cocorota cuando estaba a unos 500 metros. No pudo ser. Esta vez el iphone y los hombres del tiempo también dijeron que habría lluvias y tormentas. Si me tuviera que fiar de ellos no haría nada, así que me fui al Balneario de Panticosa, y a las 8:20 a.m. empecé a subir. Justo cuando inicié la marcha la persona que había aparcado el coche a mi lado se acababa de calzar unas salomón de trail running. Pensé, "este también va a subir ligerito. Yo me voy y a ver si me pilla...". ¡Y vaya si lo hizo!
Empecé a subir, con bastones y a ritmo bastante fuerte. A mi entener, claro. Sin correr, sólo andando. Me sentí bien, bastante bien para ser que llevaba un mes algo desajustado en cuanto a comer y beber. A media subida miré hacia atrás y vi, a lo lejos, al chico al que había dejado en el aparcamiento. Tardó en cazarme lo que tardaría yo en alcanzar a un anciano en silla de ruedas. ¡Vaya máquina! Sin bastones, andando con una ligereza que asustaba. Se adaptó a mi ritmo y subimos bastante rato juntos. Yo le dije que tirara, que estaba flojete después de un mes de relax. Me dijo que no, que sólo había subido a empezar a entrenar después de un mes de relax que también él se había tomado. Y que prefería subir acompañado, que total era una excursioncilla. Resulta que también había corrido la ultra de Guara-Somontano, pero que tuvo que abandonar a las nueve horas, en "las Bellostas". Yo pasé por ahí a las once horas y cuarto. Este debía ser de los que corría a saco... Seguimos charlando y subiendo. Finalmente el siguió a su ritmo y yo me quedé en el mío. Cuando llegué al collado la niebla no dejaba ver más allá de cinco o diez metros. Llegué a la cima en 2h09m. Hacía frío, con lo que no me quedé arriba más de cinco minutos. Guardé los bastones en la mochila, hice un par de fotos, comí algo y empecé a bajar. La bajada la hice por un camino más directo. Me enrisqué en un barranco y tuve que retroceder/subir para encontrar el camino bueno.
Bajé bastante rápido, en hora y cuarto,  con algo de dolor en los cuadriceps, y llegué al coche en 3h31m.
Distancia total: 10 Km.  Desnivel positivo: 1400m. Tiempo 3h31m.
A la una ya estaba tomándome el aperitivo en Tramacastilla.









jueves, 31 de octubre de 2013

Balance de Octubre

Vaya por delante que este mes he engordado 3 kilos. Y lo mejor es que sabía que iba a pasar. Me he soltado. He comido lo que me ha apetecido en cada momento. Patatas fritas de bolsa, chocolate hasta aburrirme, helados... 
Todo empezó después de la ultra de Guara-Somontano. Los dos días siguientes a una carrera larga suelo ingerir todo lo que me pide el cuerpo. Para reponer lo quemado. Esta vez, pasados esos dos días, me dije que no pasaba nada por tres días más de relax. Total, después de una carrera de 98 km. que menos que darme ese gustazo. Y pasados los cinco días decidí que Octubre sería el mes de descanso. Un mes en el que no me preocupara por nada en cuanto a la alimentación, las cañas, los entrenamientos, los horarios, etc. Y así ha sido. Pero no creáis que esto ha sido Sodoma y Gomorra. Cuando llevas una inercia, unos hábitos y un tipo de vida, el hecho de relajarte tampoco supone irse al otro extremo. Simplemente se trata de relajarse. En mi caso, de 3 kilos más. 

Las cifras que me han salido son:
  • he salido a correr 12 días, un total de 201 Km en unas 28 horas.
  • he nadado 2 días, un total de 1600 metros.
  • nada de bicicleta

En Noviembre tengo previsto empezar el entrenamiento para la Maratón de Barcelona. Se corre en Marzo de 2014, dentro de 4 meses y medio. No se todavía si la correré, pero es una forma de entrar en rutina. Sobretodo, en esta primera fase, acumulando distancia a ritmos muy suaves. 


viernes, 11 de octubre de 2013

UTGS 2013: crónica

Vaya por delante que salió redondo. Todo. Ni en mis mejores sueños podía haberme imaginado que de los treinta últimos kilómetros de la Ultra Trail de Guara Somontano iba a correr más de la mitad. Y que los dos o tres últimos los correría "como un poseso", dentro de lo que cabe, of course. A menos de 6 minutos el kilómetro.

El viernes por la tarde, Tony, Marcos, Fran y yo nos plantamos en Alquezar a eso de las siete. Recogimos los dorsales (19, 20, 21 y 22) asistimos a la charla técnica, fuimos a la cena del corredor, carajillobaileys en una terraza y a dormir.

El sábado a las siete de la mañana nos levantamos, desayunamos y nos fuimos a la zona de salida. Creo que en ningún momento fui consciente de lo que me esperaba. Sabía que tocaba correr unas veinte horas para cubrir los 98 km con un desnivel positivo de 5900 m. Tocaba, y punto. Nos habíamos apuntado en febrero, y nadie nos había obligado. Llevábamos lo que dura un embarazo preparándonos para esas veinte horas. Ahora tocaba correr, y punto. Sin pensar.
No voy a contar como fue cada tramo de la ultra. Hay muy buenas crónicas, como la de Fran (Andandaeh) que explican con más detalle el desarrollo temporal de la carrera. Yo no tengo un recuerdo claro de cada tramo. Me voy acordando de momentos concretos, de algunos tramos en los que disfruté más que en los otros, de charlas que mantuvimos... pero no retengo la carrera de principio a fin. A la postre, son 18 horas, y eso no es fácil de memorizar. Pero no recuerdo momentos malos. Momentos para los que me había preparado mentalmente. No. Ni uno.

Primera etapa
Desde la salida hasta el Rodellar (km. 0-44). Tardé 7 horas y media, pero no se me hicieron nada largas. Fui solo algún rato, otros acompañado, pero creo que en todo momento con alguien del grupo a menos de 300 metros. La carrera discurre por el parque natural de Guara-Somontano. El paisaje es espectacular. Pasamos por la ruta de las pasarelas del río Vero. Por puentes, ríos, barrancos, ermitas...
Este tramo está lleno de senderos naturales, caminos, alguna pista forestal. Pero sobretodo tiene unas vistas para recordar. En Rodellar teníamos una bolsa que había llevado la organización. Cambio de ropa y parada larga.

Segunda etapa
Desde Rodellar hasta las Bellostas, (km 44-61). Este tramo lo hicimos ya en grupo de 5 consolidado, y tardamos unas tres horas y media. Cruzamos el río unas 10 veces. Había quien lo cruzaba por medio del agua. Yo conseguí cruzarlo las 9 primeras sin mojarme, pasando por encima de las piedras. La última era imposible. Unos 10 metros de río y agua hasta media pantorrilla. ¡Pues a mojarse! Si lo llego a saber, me mojo antes... En este tramo corrimos muy a gusto. Seguimos disfrutando del paisaje. Empezaba a anochecer cuando llegamos a las Bellostas, y por suerte el avituallamiento estaba dentro de una gran nave. Nos ofrecieron un caldo, bebida y comida. Aprovechamos para cambiarnos los calcetines, y ponernos ropa térmica. Sacamos los frontales, descansamos un rato y emprendimos la marcha.

Tercera etapa
Desde las Bellostas a meta. (km 61-98). Ya con el frontal.  Fuimos andando durante 10 km hasta el avituallamiento de Pedro Bruil, tardando 2h10m. El camino era estrecho y pedregoso, ideal para pisar mal y torcerte un tobillo, con lo que descartamos lo de correr. Fuimos andando a buen ritmo hasta alcanzar una pista que nos permitió correr en las bajadas y llanos. Durante esa bajada el grupo de 5 se partió en uno de 3 y otro de 2. Tony, Angel y yo por delante. Marcos y Oscar por detrás. Tardamos unas 4h30m en recorrer los 27 km desde ese punto hasta la meta. Abandonamos la pista, bajamos y subimos un barranco, pasamos por dos avituallamientos... Angel se quedó atrás. Estaba bastante lesionado. Tony y yo nos lanzamos a correr. Faltaban menos de tres kilómetros y llevábamos 17h45. Si apretábamos, íbamos ha hacer un sub-18. Cuando vimos las luces de Alquezar olvidamos las horas que llevábamos corriendo. Nada dolía. Nada pesaba. Banzaaaaaaiiiiii!!!!!  Entramos en el pueblo y al acercarnos a la meta, dijeron nuestro dorsal y nuestro nombre, mientras sonaba la música de "el último mohicano", banda sonora que sonó durante la salida y durante la entrada de todos y cada uno de los corredores. 18:02. Y ninguna sensación de agotamiento. ¡Ultra finalizada!

Alimentación
creo que junto a la hidratación fue una de las claves del éxito. Me propuse comer algo cada hora u hora y media, y no pasar más de dos horas sin comer, bajo ningún concepto.  Y lo cumplí. Por suerte los avituallamientos estaban muy bien organizados. En cada uno de ellos comimos lo que ofrecían: plátanos, naranja, manzana, bocadillos de pan bimbo con jamón de york o salchichón, almendras garrapiñadas, dátiles... Y en las Bellostas... ¡caldo! Pese a ir cargado con barritas energéticas y geles, sólo comí dos de cada. Los avituallamientos estaban más o menos cada 10 km., ideal para ir bien alimentado.
Sobre el kilómetro 50 me empecé a sentir mal y lo achaqué a falta de azucar. Me comí una de las barritas como puede. Me costó un infierno comérmela, pero una vez hecho, me recuperé al momento. Fue el único momento de "crisis".

Hidratación
también factor clave. No fue un día excesivamente caluroso, pero sudamos mucho, con la consecuente pérdida de sales. La estrategia también fue sencilla. Beber cada media hora, alterando agua e isotónica. Beber a menudo, sin llegar a beber demasiada cantidad. Llevaba dos bidones de medio litro y pastillas para diluir en agua de las que aportan sales, hidratos, etc. En cada avituallamiento rellenaba los bidones y bebía lo que ofrecían; agua, pepsi, gatorade... según me pidiera el cuerpo.
Como novedad: bebí bastante pepsi. Nunca lo había probado en carrera, pero al verla el cuerpo la pedía, y en esos momentos, a ver quien le dice al cuerpo "que no" :-)

Ritmo de carrera
Decidimos andar (no pasear, ¡andar!) en todas las subidas por pequeñas o suaves que fueran. En bajadas y en llano, a correr. El ritmo... pues al tran-tran. Ritmo de ultra. Pese que en algunos tramos hubiéramos podido correr, no sabíamos como nos respondería el cuerpo después de 10 o 15 horas. Fuimos conservadores. Las últimas horas (ya de noche) apretamos un poco más cuando el terreno lo permitía. Nos veíamos fresco y  la temperatura era buena. En los últimos 20 km llegamos a ir algún rato a 5:15 por kilómetro!

Descansos
En todos los avituallamientos parábamos unos 5-10 minutos, y en dos en concreto (Rodellar, después de 7h30m, y Bellostas, después de 11h15m) nos paramos unos 15-20 minutos. En Rodellar para cambiarme de ropa. Pantalón y camiseta seca, y para comer bien. En Bellostas, para equiparnos de noche: camiseta térmica y frontal. Salvo en los avituallamientos no paramos en ningún sitio.

Compañeros de carrera
¡Que importante es ir bien acompañado! Salimos juntos Fran, Tony, Marcos, Oscar y Angel. Decidí ir a mi ritmo. En una prueba como esta ir un poco más rápido puede cansar, e ir más lento puede agobiar. Desde la salida hasta el kilómetro 44 en Rodellar, fui algunos tramos solo, otros con Tony, otros con Marcos... no consolidamos el grupo hasta el 44. Fran se quedó atrás. El resto fuimos más o menos juntos hasta el final, aunque en los últimos 20 km. también rompimos el grupo.
Estuvimos largos ratos hablando, comentando anécdotas, y largos ratos callados, simplemente corriendo juntos. Hubo algunos momentos en los que aunque no dijéramos nada corríamos como conectados. Una especie de trance, de disfrute místico y colectivo. No se como definirlo. Eran tramos en los que después de 20 minutos, parábamos y decíamos "joder!, vaya caña, no? habéis sentido lo mismo? huau!"

Equipación
Contento con la mochila. Una Salomón con dos bidones en la parte delantera que me permitían saber en todo momento el líquido que me quedaba. Era la primera vez que lo probaba, y lo prefiero al camel-back.
Los bastones no los saqué hasta el km. 30. A partir de allí no los guardé.
Me cambié de ropa en el km. 44 y otra vez en el 61, esta segunda para abrigarme y colocarme el frontal.

Sensaciones
Buenas sensaciones. Muy buenas. Poco más tengo que decir. No me dolió nada (tuve dolores, pero nada serio). No me agobié en ningún momento. No me pregunté "¿qué c*jones hago aquí?". No me puse los auriculares. Simplemente corrí, lo pasé bien mientras lo hacía, terminé, y dos días después me di cuenta de que había sido una de las mejores carreras de mi vida. No se si será por el trazado de la ultra, por el entorno, por haber llegado en forma, por lo bien organizada que estaba, por la estrategia seguida, o por la novedad, pero sin duda una de las mejores carreras de mi vida. Repetiré.

Como siempre, aquí van unas fotos.

Cena del corredor la noche de antes. Con Fran.


Ambiente previo

Con Tony, Marcos y Fran. El equipo Ultra de Andandaeh al completo


Paso por las pasarelas del Vero

Paso por Alquezar 

Avituallamiento
Tomando fotos...


Subiendo...

Subiendo más...

Con Marcos y Oscar llegando a otro avituallamiento

Recargando

En Rodellar. Iríamos juntos casi hasta la meta.

En un momento dado.

Paisajes...

Y más paisajes...

Pistas...

Piedra...
Ríos...

Caminos...


Preparados para la noche.
Un 10 para los voluntarios

De noche.

Puntos kilométricos cada 10. 

Prueba superada

32 de veteranos
110 en la general.

hoja de ruta