Vaya por delante que todavía no lo he digerido del todo.
Llevo cuatro días pensando en el Triatlón. Recordando momentos, recordando
imágenes, recordando sensaciones... Es algo difícil de explicar. Un estado
de... un metaestado. Un vacío. ¿Y ahora qué? Esta es la pregunta que surge a
menudo después de entrenar muchos meses y finalizar un reto de los grandes. ¿Y
ahora qué?
El sábado por la tarde nos fuimos a Valencia Fran, Tony,
Patricia, Merche y yo. Llevábamos más o menos desde septiembre preparándonos
para el Triatlón de Larga Distancia (1.9/90/21), y había llegado el día. Nos habíamos
preparado bien. En mi caso, apuntándome a natación master en el Stadium
Casablanca desde septiembre, corriendo todas las semanas con Fran, saliendo
tanto como podía en bicicleta, y con quedadas esporádicas, por ejemplo para
probar el neopreno en aguas abiertas. Y tocaba poner en práctica todo esto.
Domingo a las 6:00 a.m. me suena el despertador. Desayuno
piña en almíbar, pan tostado con jamón de york y un plátano. A las 7 nos
reunimos y nos vamos juntos comentando los últimos detalles, más para aplacar
los nervios que por otra cosa. Llegamos a la zona de bicicletas y dejamos todo
el material preparado para el ciclismo y la carrera a pie. Nos ponemos el
neopreno, y nos dirigimos a la zona de salida. Sigo a la multitud y entro en el
agua para situarme, pero una vez estoy dentro no se que hacer.
Salimos en línea y el recorrido es circular. ¿Me quedo en la parte interior del
circuito? ¿Voy por la exterior? ¿Delante? ¿Detrás? Esto debería haberlo pensado
antes. Pistoletazo y a nadar. Instintivamente me quedo rezagado y por la parte
de fuera. Soy consciente de que estoy haciendo más metros de los que toca, pero
no me veo en la vorágine de la parte interior. Nado bien, sin cansarme, incluso
disfrutando. Se me empañan las gafas y pierdo el rumbo. Soy consciente de que debo
ser el que va más por fuera. Las piraguas que delimitan el circuito nos
advierten continuamente con el silbato de que nos estamos yendo. Corrijo rumbo.
Sigo. Ya llego, y no soy el último. Salgo del agua en un tiempo de 43 minutos.
Es más o menos lo que tenía previsto, pero de haber nadado por el interior, seguro que lo
hubiera hecho en 5 menos. Salgo y sin mucha prisa me quito el neopreno. Como un
plátano y bebo isotónica que me había dejado al lado de la bicicleta.
En 5 minutos y medio salgo con la bicicleta. La verdad es
que ni me he planteado hacer la transición más rápido para arañar unos minutos.
Tengo muy claro que es el primer Triatlón y que he venido a disfrutar. La
bicicleta no se me hace nada pesada. Mentalmente me pongo dos objetivos: no
caerme, y llevar buena alimentación e hidratación. Esto me ayudará en la parte
final del Triatlón. Cada 40 minutos bebo isotónica, y 10-15 minutos después me como una barrita energética y bebo agua. Voy adelantando
a muchos ciclistas. ¿Estaré forzando mucho? Me encuentro muy bien, con lo que
yo sigo adelantando. Pedalear, comer, beber... Mi objetivo era pedalear a 30 por
hora y lo consigo. Termino esta parte en 3:00:21 (29,94 Km/h). He
adelantado 35 posiciones. Dejo la bicicleta, como medio plátano, bebo algo, me
cambio de indumentaria y a correr.
La primera sensación es que me van a estallar las piernas.
Después de 3 horas pedaleando a buen ritmo, las piernas van por donde quieren.
Tardo un kilómetro en "ajustarlas/controlarlas". Pasado ese tiempo se
puede decir que ya voy corriendo normal, aunque con dolores en los cuadriceps.
El dolor crece, se hace intenso. Es en la parte interior, donde termina el
cuadriceps y engancha con la rótula. Y en las dos piernas. Simétrico. Noto como
el músculo va subiendo, y estoy seguro que esto va a desembocar en un calambre
que me dejará seco. Pero no quiero parar. Sigo. Veo que estoy corriendo a 4:30
(!) y decido aflojar el ritmo. El cuadriceps se relaja y deja de doler (me
duele todo, pero no el cuadriceps). Me está costando correr. Y respirar. Es
duro. Hace mucho calor. Me pongo como objetivo no detenerme en ningún momento,
exceptuando en el avituallamiento. Allí sí. Allí, cada vez que pase, me pararé
15-30 segundos para beber con calma y seguiré. Mantengo más o menos un ritmo de
5:15-5:30 por kilómetro hasta casi el final. Voy tocado, pero lo voy a conseguir. Hay gente que va mucho peor (de hecho, en esta parte gano 48 posiciones). Cuando queda algo menos de dos
kilómetros alcanzo a Fran. Está acalambrado desde el primer kilómetro, pero
allí sigue, como puede. Vaya máquina… Decidimos correr juntos hasta la meta,
charlando y animándonos. Recordamos lo que hemos entrenado, y conforme nos
acercamos a la alfombra roja una sensación de plenitud nos invade. ¡Lo vamos a
conseguir! ¡Vamos a ser finishers! Recorremos los últimos metros con los brazos
en alto y entramos juntos, 5 horas y 52 minutos después de lanzarnos al agua, con una sonrisa que muestra sólo parte
de la felicidad que sentimos. Hemos hecho algo muy grande. Lo que siento en
esos momentos sería muy difícil de explicar. Ni lo intento…
Tony ha llegado una media hora antes. Hemos terminado los
tres. Hemos realizado nuestro primer sueño del año. Hemos finalizado medio
Ironman.
¿Y ahora qué? Cuatro días después, ya estoy pensando en que
no hay que dejar las cosas a medias :-)
aquí os dejo la crónica fotográfica.
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| el día de antes, posando delante de "la piscina" |
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| dejando las bicicletas |
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| preparada |
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| 2/3 del equipo, a media hora de la salida |
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| el equipo, a 15 minutos de la salida |
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| yendo a la linea de salida |
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| primer tramo |
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| a por la bicicleta |
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| segundo tramo |
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| pedaleando sin parar |
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| tercer tramo |
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| un-dos, un-dos, un-dos... |
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| últimos metros |
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| ¡Finishers en menos de 6 horas! (hay que restar 10' al reloj...) |
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| todos enteros y con medalla |
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| la medalla... |
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| ... y el diploma |