jueves, 21 de noviembre de 2013

Preparando el 2014

Vaya por delante que todo puede cambiar, pero a estas alturas ya tengo bastante definido lo que va a ser el 2014. Más o menos se por donde van a ir los tiros. Os voy a hacer partícipes de como ha sido el proceso de decisión.
Este año tenía dos retos principales: finalizar un triathlon de larga distancia ("medio Ironman") y finalizar una ultra-trail de montaña de 100 Km. Me dije que una vez hubiera cumplido con los dos retos, decidiría que iba a hacer en 2014: participar en un Ironman "entero", o  dedicarme en cuerpo y alma a la montaña.
Terminé el triathlon y terminé la ultra. Y disfruté entrenando y participando en el triathlon, y disfrute entrenando y participando en la ultra. ¿Qué hacer entonces de cara a 2014?

Primera decisión: Ironman si, Ironman no.
Los dos compañeros de Andandaeh (Fran y Tony) con quienes fui al triathlon de Valencia se han inscrito al Ironman de Mallorca y al Triathlon de Vitoria respectivamente. Y por supuesto, me han intentado embarcar en su hazaña. Presionando. Metiendo "ruido" en mi decisión.
La gran diferencia entre Fran, Tony y yo es que ellos son ciclistas desde hace muchos años. Además corren y nadan. Creo que preparándose durante un mes podrían terminar tranquilamente un Ironman. Yo, sin embargo, no soy ciclista. El año pasado no hice más de 850 Km. Lo justo para preparar los 90 del triathlon de Valencia. No tengo base ciclista, y para prepar un Ironman necesitaría muchas horas de bicicleta. Muchas. Y no las tengo. Podría prepararme para correr una cicloturista de 200 km, y terminarla en condiciones. Pero creo que no dispongo de tiempo material para preparme 180 Km de bicicleta después de haber nadado 3800 m. y antes de correr 42 Km. No al menos para terminar dignamente. Podría si mi objetivo fuera sólo el Ironman, y este fuera en septiembre u octubre. Pero no quiero renunciar a alguna ultra en junio, julio o agosto. Decidido. No hay tiempo para todo. No habrá Ironman.

Segunda decisión: montaña... ¿cuánta?
Esta decisión ha sido fácil. Toda la montaña que pueda. Ahora mismo llevo en la cabeza la idea de terminar la Pirineos Challenge, un circuito que incluye cuatro ultras de montaña que transcurren por el Pirineo Aragonés.

Es posible que haya alguna variación. Mis colegas de Andandaeh, ultreros también, tienen en mente el Gran Trail de Peñalara. A lo mejor me apunto con ellos.

Tercera decisión: ¿cómo me preparo? 
Con el plan de 2013 me he convertido en un corredor "diesel". Aguanto mucho, pero a "ritmo ultra". Al tran tran. He perdido chispa, ritmo, y mi intención es recuperarlo. Y que mejor forma de hacerlo que dedicar el primer trimestre del 2014 a prepararme una maratón de asfalto. El asfalto no me emociona, pero me obligará a entrenarme con algo de calidad y prepararme para afrontar el entreno de fuerza y resistencia que haré durante la primavera y que necesitaré para verano. Maratón de Barcelona, a mitades de Marzo. Adjudicada.
Además, que no tenga tiempo de preparar un Ironman a la vez que me preparo para el Challenge Pirineos no significa que quiera dejar de nadar ni de ir en bicicleta. Estas disciplinas forman parte del entreno cruzado, y por si fuera poco, en 2013 he disfrutado nadando y pedaleando. Como me gusta trabajar contra un objetivo... Medio Ironman de Salou, en Mayo. Adjudicada también.

En resumen, el primer boceto para 2014 es:

Trimestre 1.
Fondo -> preparación de calidad . Volumen, series, fartlek...
Trabajo físico -> tonificación general, tronco, espalda, abdominales y lumbares (core), piernas, etc.
Carreras: Botifarunner en Febrero, Maratón de Barcelona en Marzo.

Trimestre 2.
Fondo -> bicicleta, natación, correr.
Trabajo físico -> tonificación general e intensificar el trabajo de core y piernas. Trabajar la potencia y la resistencia.
Carreras: Jorgeada, triathlon de Salou.

Trimestre 3.
Fondo -> resistencia
Trabajo físico -> core y pierna
Carreras: Challenge Pirineos.

 Como digo, esto es el primer boceto. Lo iré ajustando sobre la marcha, pero no creo que la cosa varie mucho a como la he descrito. De todas formas, iré contando los avances y las variaciones. 
 

viernes, 15 de noviembre de 2013

Maratón de Nueva York: crónica de Jorge Royo

Vaya por delante que Jorge es el corredor que aparece detrás mío en la foto de cabecera del blog. Él es más de asfalto. Yo más de montaña. Él ve una proeza que yo corra 100 Km. Yo veo imposible bajar de 3 horas en una Maratón. Y él lo hace. Él es un gran corredor, y un amigo. Corrimos juntos la Maratón de Berlín, y este año se ha ido a correr a Nueva York, como los grandes. No fue en un paquete turístico, no. Le admitieron por marca personal, no por sorteo. Por mértios. Es decir... como los grandes.
¡Os dejo su crónica!



Maratón de Nueva York,  3 de noviembre de 2013


Cualquier crónica de otro maratón comenzaría hablando de los resultados, de los tiempos, del recorrido, de cuestiones más técnicas tal vez, sin embargo mi relato sobre el maratón de Nueva York no puede ser así, si acaso esos aspectos quedarán para otras tertulias atléticas. Esta carrera es algo más que un maratón, es un acontecimiento para toda una ciudad y para muchos miles de corredores populares de todo el mundo que como yo, hemos soñado alguna vez con correr por las calles de la gran manzana.

No leeréis nada que tal vez no hayáis leído ya o que alguno de vosotros hayáis podido vivir, aún así, éstas son mis vivencias en este maratón.

Todo comenzó a gestarse ahora hace poco más de un año, en Berlín, tras haber corrido el maratón de esa ciudad. Había conseguido un excelente tiempo para mí en ese estupendo circuito y empecé a soñar con poder correr algún día en Nueva York. Miré los tiempos que se requerían para poder inscribirse y aunque por poco, lo cumplía, así que ¿porque no soñar con que me pudieran admitir?, sin embargo, el 29 de octubre de 2012 el mortífero huracán Sandy truncó además de muchas vidas, el desarrollo del maratón de Nueva York de ese año, ya que éste se suspendió en el último momento, y aquella catástrofe retrasó el proceso de admisión para el año 2013, hasta que un 30 de mayo recibí el mensaje de la organización, ¡había sido aceptado para correr el maratón!. Lo que hasta entonces simplemente había sido una mera ilusión, se convertía en realidad. Cinco meses me separaban todavía de estar en la línea de salida del Verrazano-Narrows Bridge y todo por hacer. Muchos consejos leí y me transmitieron, pero de todos me quedé con uno: “disfruta de esta gran carrera, es única”. No dediqué mucho tiempo a pensar en ello y en julio empecé mi plan de entrenamiento, mientras Isabel preparaba a conciencia este viaje para toda la familia, junto a mis hijas Eugenia e Elena que no se querían perder tampoco este acontecimiento.

Entrené y entrené, julio, agosto, septiembre, octubre, quería disfrutar de la carrera y para ello tenía que estar preparado y pasó el tiempo tan rápido que cuando me di cuenta sólo quedaba una semana para partir, cuando la mala suerte de los últimos días hizo que cogiera un enfriamiento que me dejó bastante tocado, tanto física como moralmente. Pero pensé que eso era una prueba más que había que superar y que no iba a hacerme reblar. Como fuese yo correría.

Y llegó el viaje, los aeropuertos, los aviones, los traslados. Recogí el dorsal en el Jacob Javits Center, hacía un día estupendo y se respiraba el ambiente del maratón por toda la ciudad, la gente te preguntaba si ibas a correr, todo el mundo te deseaba good luck, era fantástico y por fin, el día 3 de noviembre, a las seis de la mañana, noche cerrada todavía, frente a la Public Library de la Quinta Avenida, en fila cientos de corredores para tomar los autobuses que nos llevasen a Fort Wadsworth, en Staten Island, junto a la salida en el Verrazano-Narrows Bridge. Frío intenso, caras sonrientes, muchas nacionalidades, muchas lenguas y mucha ilusión. Hora y media casi para llegar a la zona de salida y unas medidas excepcionales de seguridad para poder entrar, revisión de mochilas, detectores de metales, perros policía y mucha, mucha policía. Se palpaba en el ambiente el recuerdo de Boston. Por fin, después de pasar todos los controles entro en la zona de la que tanto me habían hablado. Ya había amanecido, unos corredores iban de un lado para otro, otros esperaban sentados, otros en una carpa donde había una celebración religiosa, otros escuchaban música. Seguía haciendo frío, la gente se abrigaba como mejor podía y yo hago un recorrido de reconocimiento para situarme y hago fila para tomarme un té y después otra fila para tomarme el famoso Dunkin´Donuts, pero mientras tanto escucho la llamada de apertura de mi zona de espera de salida, corrales los llaman, así que me voy y me quedo sin probarlo. Sigo abrigado, hace mucho frío y viento, allí nadie calienta, todavía queda una hora pero no hay sitio suficiente para calentar. Sigo esperando, sigo observando a todos esos corredores venidos de tantas partes del mundo, algunos tienen aspecto de ser muy buenos atletas y yo me digo que también estoy allí, como ellos y que quiero disfrutar de esta carrera, que he venido para eso. Última visita al servicio y finalmente abren la zona de espera y nos conducen al comienzo del puente, me voy quitando ya capas de ropa que dejo en unos contenedores para beneficencia, pero me reservo todavía parte de la ropa ya que todavía quedan bastantes minutos de espera. Me doy cuenta que aquí nadie ha calentado, seguimos agrupados protegiéndonos unos a otros del frío, veo a gente temblar, veo a gente compartir su ropa, veo a gente reir, a otros rezar y llegan las presentaciones de los corredores de élite, el himno norteamericano cantado por una niña, silencio, respeto, concentración, cada uno pensamos en lo nos espera y en lo que nos ha costado estar allí, y por fin se escucha el famoso New York, New York, que debe ser tradicional en esta carrera y la salva de un cañón, y empezamos a correr, o casi mejor debería decir a andar, ya que apenas puedo dar una zancada.





El Verrazano-Narrows Bridge sube y sube, pero salgo con fuerza, ha llegado el momento, tengo ganas de despegarme este frío y apenas noto la subida. Bajamos el puente y entramos en Brooklyn







y allí aparece el público, ese público que durante toda la carrera no va a desaparecer y no va a desfallecer en su ánimo; 4ª avenida, el sol parece que nos quiere calentar un poco y me desprendo del gorro, algo mas adelante de los guantes, pero los manguitos me acompañaran hasta la meta. Miles de voluntarios, niños y niñas ofreciéndote sus palmas para chocarlas, gritos, música, ánimo a todos los corredores. Hace frío pero el público te transmite calor.



Sigo mi ritmo, llevo en la cabeza los tiempos que debo cumplir, y el entrenamiento me da confianza, bebo un vasito de isotónica en todos los avituallamientos, que son muchos, no debo olvidarme de la hidratación a pesar del frío. Esta 4ª avenida es muy, muy larga, pero cada milla que pasa vas viendo un ambiente diferente, gente diferente, músicas distintas. Vamos avanzando, seguimos por las avenidas de Lafayette, Bedford y Manhattan y llegamos a la mitad de la carrera, ya estamos en Queens y comienza el paso de los puentes, voy bien, paso según lo previsto. Busco a mi familia por dónde me habían dicho que estarían, pero es muy difícil encontrarlos entre tanta gente (ellas si que me vieron). No pienso en el final, mi meta la tengo cada cinco kilómetros y ahora empieza un muro de verdad, primero cruzamos el puente Pulaski,




un aperitivo previo al puente de Queensboro que arranca en Long Island City para pasar sobre el East River y Rooselvet Island. Largo, este puente se me hace muy largo. Allí, durante esos kilómetros no hay público, sólo el sonido de las zancadas y la respiración de los corredores que me acompañan que ya empiezan a serme familiares,


llevamos ya unos kilómetros corriendo juntos, mi ritmo decae, la pendiente se nota, pero entramos en Manhattan por la 1ª avenida y el público se da cuenta en  nuestras caras del esfuerzo y anima más, vamos en dirección a Harlem, 



cruzamos el puente Willis, donde dicen que te encuentras el muro, para seguidamente entrar en el Bronx. Estos puentes hacen mella y vamos camino del kilómetro 35 entrando nuevamente en Harlem por la 5ª avenida. Estos kilómetros son los que llamo yo entrar en “tierra ignata” por no saber nunca que puede pasar. Ya voy pensando en que queda poco, en que hace falta un último esfuerzo porque mi ritmo ha decaído, restan 7 kilómetros y no van a ser fáciles. Llegamos a Central Park y veo a lo lejos una serpiente multicolor de corredores y digo que los veo, lo que me indica que la calle tira para arriba y lo empiezan a sentir mis piernas, y ahora empiezan esos momentos dónde ya no sirve el entreno, sino la mente. Veo corredores que se paran, calambres, agotamiento. Trato de animarme, estoy corriendo en  Nueva York, estoy en Central Park y voy a conseguir un sueño. 



Ahora no puedo desfallecer aunque mis piernas me dicen que no pueden más, pero incremento mi ritmo, me fijo en corredores de referencia para no perderlos y tratar de alcanzarlos y es que este parque es muy, muy grande, que costoso se me hace, hasta que finalmente llegamos a Columbus Circle. Allí la gente se arremolina y anima sin parar, saben que es el último esfuerzo, el último giro y entro de nuevo en Central Park, aparecen el recorrido vallado, las señales de los últimos metros, las últimas yardas y de las gradas llega ese grito alentador, el speaker cuenta los segundos que restan para las tres horas, 10,9,8…miro mi crono, sí, lo voy a conseguir y levanto los brazos cruzando la meta, lo he conseguido.




He finalizado y estoy agotado pero contento, enseguida me cubren con una capa y me dan la enhorabuena, me colocan una medalla, que nos hemos ganado todos por llegar y voy andando, despacio, mirando el parque, por allí ya no hay público hasta la zona de encuentro con mi familia, me lo tomo con calma, bebo de una botella de la bolsa de avituallamiento y sigo poco a poco hacia la salida, todos los voluntarios te saludan, congratulation, respondes con una sonrisa, salgo del parque a la altura del tristemente recordado edificio Dakota e imagino por un momento a John paseando por ese parque que tanto veía, pronto me ponen una nueva capa mas recia y salgo al encuentro, me espera Isabel y mis hijas Eugenia y Elena, me pregunta como estoy pero sabe que me ha ido bien, me ve sonriente, me vio a mitad de carrera con cara de sufrimiento, pero es mi gesto. Me cambio de ropa, unas fotos y nos vamos para el hotel. No me doy cuenta pero no me he quitado la medalla del cuello, y vamos en el metro y la gente me observa, sonríen, saben que soy uno de los cincuenta mil corredores que han corrido por sus calles haciendo de ese 3 de noviembre un día especial.


Se terminó el maratón de Nueva York, se cumplió el sueño, pero siempre quedará en nuestro recuerdo.

Jorge Royo Mallén                    Noviembre de 2013

 


lunes, 4 de noviembre de 2013

Las colinas de mi vida

Vaya por delante que ni yo soy Kilian Jornet, ni esto tiene nada que ver con Summits of my life. Es otra cosa. Lo de Kilian es un proyecto suyo, con sus objetivos y sus intereses. Lo mío es un proyecto mío, sin ningún objetivo ni interés más allá que introducir una "subida rápida" de vez en cuando a algún sitio por el que suelo andar o correr por montaña.
Cada cierto tiempo, sin estresarme, y sólo para comprobar mi estado de forma, hago una salida (suele ser una subida) cronometrada. He subido desde el Bar Mesón Lavedán en Tramacastilla hasta el Ibón de Piedrafita en 38'50". Subir y bajar me ha costado 1h10'. He subido al Pacino desde el mismo sitio (por el camino de crampas) en 1h13'. Subir y bajar, en 2h15'.
Este sábado pasado me plantifiqué delante del Garmo Negro (3051 m). El primer intento de alcanzar la cima cronometrando fue en septiembre, pero me quedé a medias debido a la tormenta que tenía justo encima de mi cocorota cuando estaba a unos 500 metros. No pudo ser. Esta vez el iphone y los hombres del tiempo también dijeron que habría lluvias y tormentas. Si me tuviera que fiar de ellos no haría nada, así que me fui al Balneario de Panticosa, y a las 8:20 a.m. empecé a subir. Justo cuando inicié la marcha la persona que había aparcado el coche a mi lado se acababa de calzar unas salomón de trail running. Pensé, "este también va a subir ligerito. Yo me voy y a ver si me pilla...". ¡Y vaya si lo hizo!
Empecé a subir, con bastones y a ritmo bastante fuerte. A mi entener, claro. Sin correr, sólo andando. Me sentí bien, bastante bien para ser que llevaba un mes algo desajustado en cuanto a comer y beber. A media subida miré hacia atrás y vi, a lo lejos, al chico al que había dejado en el aparcamiento. Tardó en cazarme lo que tardaría yo en alcanzar a un anciano en silla de ruedas. ¡Vaya máquina! Sin bastones, andando con una ligereza que asustaba. Se adaptó a mi ritmo y subimos bastante rato juntos. Yo le dije que tirara, que estaba flojete después de un mes de relax. Me dijo que no, que sólo había subido a empezar a entrenar después de un mes de relax que también él se había tomado. Y que prefería subir acompañado, que total era una excursioncilla. Resulta que también había corrido la ultra de Guara-Somontano, pero que tuvo que abandonar a las nueve horas, en "las Bellostas". Yo pasé por ahí a las once horas y cuarto. Este debía ser de los que corría a saco... Seguimos charlando y subiendo. Finalmente el siguió a su ritmo y yo me quedé en el mío. Cuando llegué al collado la niebla no dejaba ver más allá de cinco o diez metros. Llegué a la cima en 2h09m. Hacía frío, con lo que no me quedé arriba más de cinco minutos. Guardé los bastones en la mochila, hice un par de fotos, comí algo y empecé a bajar. La bajada la hice por un camino más directo. Me enrisqué en un barranco y tuve que retroceder/subir para encontrar el camino bueno.
Bajé bastante rápido, en hora y cuarto,  con algo de dolor en los cuadriceps, y llegué al coche en 3h31m.
Distancia total: 10 Km.  Desnivel positivo: 1400m. Tiempo 3h31m.
A la una ya estaba tomándome el aperitivo en Tramacastilla.