domingo, 4 de septiembre de 2016

Ultra Trail del Montblanc: crónica

Vaya por delante que el tiempo pasa de otra forma cuando estás en pleno berenjenal. Fueron 42 horas, seguidas, sin parar a dormir, aunque parando entre 15 y 30 minutos en los avituallamientos para comer y reponer fuerzas, haciendo más o menos lo mismo todo el rato: correr, andar, beber, comer, subir, beber, bajar, descansar, correr, beber, andar... todo el rato. Toooodo el rato. Solo. En compañía. A ratos hablando. A ratos callado. Sin auriculares. Sin música. Conmigo mismo. De día. De noche. Con modificaciones del paisaje, pasando por tres países, pero a la postre 42 horas haciendo más o menos lo mismo.  Y no se me hizo excesivamente largo. En ningún momento pensé en lo que me quedaba por delante o en lo que había dejado atrás. Iba. Simplemente iba, y  en un momento dado me planté a 10 km de meta e inicié el descenso hacia Chamonix, un  duro descenso por la situación de mis pies que a esas alturas estaban ya bastante tocados por las ampollas y rozaduras. 2 horas y 41 minutos más tarde cruzaría la meta finalizando lo más épico que he hecho en mi vida deportiva: darle la vuelta al Montblanc, (170 Km, 10.000 D+,  42 horas). Esta es la crónica...

Para mi es "la carrera". Una de las míticas que todo corredor de montaña conoce y con la que muchos de ellos sueñan terminar algún día. Por supuesto no todos, que contra gustos no hay nada escrito, pero es de las grandes y atractivas, vamos. Llegué bien preparado. Era mi objetivo de este año y enfoqué mi "entreno" (por llamarle de alguna forma) a llegar a finales de agosto en forma para terminarla de una manera digna. Viajamos a Chamonix un par de días antes para tomar contacto y hacer algo de turismo. El mismo miércoles quedé con Marcos y fuimos a buscar el dorsal. Llevaba mi mochila con todo el material obligatorio que cuidadosamente había introducido en ella, aprovechando todo el espacio disponible, forrando con papel film de cocina cosas como las mallas largas o el pantalón impermeable, para que ocupara menos espacio. Pilas y frontal de repuesto, guantes impermeables, venda elástica, gore-tex, térmica… Cuando nos acercamos a la mesa de revisión, nos dieron una hoja con 4 cosas al azar que había que mostrar en la siguiente mesa: teléfono, buff o gorra, manta térmica de supervivencia y venda elástica de 6 x 100 cm. En principio lo más fácil, pero jodeeeer…. que mala suerteeeeee…. El teléfono se lo había dejado a Ana que se había ido a aparcar. Rápidamente se lo pedí a mi hijo. El buff lo tenía en casa porque lo iba a llevar encima el día de la carrera y no se me ocurrió ponerlo en la mochila. Le pedí uno a Marcos, a quien por suerte no le aparecía en la lista de sus 4 cosas a enseñar. La manta la llevaba. Y la venda, también pero resultó que la mía era de 4 x 100 cm y no de 6. Le tuve que jurar al chico que me compraría una de 6 cm. al salir del control (y así lo hice). Finalmente me dieron el dorsal. 

El viernes por la tarde  Marcos y yo nos fuimos a dejar las "bolsas de vida", bolsas para poner dentro lo que quisiéramos y a las que podríamos acceder a mitad de carrera, en Courmayerur. De allí nos dirigimos a la zona de salida, dos horas antes. Queríamos estar cerca de la salida para evitar el tapón que formarían los 2300 corredores a las 18:00. Las dos horas se pasaron bastante rápidas. Estábamos con los representantes de los Correcaminos de Alfinden (Ricardo, Gonzalo e Ismael). Hacía calor, pegaba el sol, pero por suerte una nube lo tapó y nos hizo la espera más llevadera. A 20 minutos de la salida aquello vibraba. Era emocionante. Cinco minutos antes de la salida  se me empezó a hacer un nudo en la garganta. La música, el speaker, la vista del Montblanc, banderas de distintos países ondeando, la plaza llena de corredores, gente que nos habíamos estado preparando durante mucho tiempo y que íbamos a empezar nuestra gran aventura… Y dieron la salida. Fueron unos 10 minutos hasta que salimos del pueblo. 10 minutos cruzando las calles llenas de gente animando. 10 minutos de aplausos, gritos, cencerros, ruido… 10 minutos que difícilmente olvidará nadie de los que estábamos allí mirando hacia delante, hacia los lados, corriendo y con una sonrisa en la cara que tardaría poco en borrarse. 


Marcos y yo íbamos juntos pero sabíamos que cuando empezaran las subidas y bajadas nos separaríamos. Corremos a ritmos distintos, y en este tipo de carreras hay que ir cómodo para no rayarse. La sensación de ir forzado o de ir esperando a otro cuando podrías aprovechar un momento de "subidón" hace que te agobies, y eso no es bueno en carreras tan largas. Pasamos juntos por les Houches, donde estaban Ana y los niños esperándonos para animar (sorpresón!), encaramos la primera subida y bajada y llegamos juntos a Saint Gervais. Allí, ya de noche y con el frontal encendido nos separamos. La primera noche se me hizo muy llevadera. Fui andando un buen rato, unas horas  con un chico de Puigcerdà con el que charlando y charlando vimos que teníamos amigos en común.  Y me dio el primer bajón, al amanecer, en el "Lac Combal", Km. 66. Hasta ese punto había ido bien. En ese punto la pista era llana, asfaltada creo recordar y la gente iba trotando. Yo no podía. Estuve andando tranquilamente esperando el momento que sabía que llegaría y que haría que volviera a sentirme bien. Y eso ocurrió pocos kilómetros después. A partir de allí, subidas y bajadas y directo a Courmayeur, donde me esperaban otra vez Ana, los chicos y la "bolsa de vida" en la que me había dejado ropa limpia, otras zapatillas, gel para las piernas, etc. Allí estuve parado como una hora. Me curé unas rozaduras que llevaba en la espalda, me cambié y empecé de nuevo. Eran las once de la mañana, llevaba 80 km y el calor era sofocante. 
En este tipo de carreras hay tres factores necesarios que condicionan el éxito: preparación física previa, fortaleza mental  y una correcta alimentación/hidratación durante la prueba. Si uno de estos falla, se va todo al garete. Si no falla ninguno, puede haber otros factores que ya no dependen de uno mismo y que hagan que la cosa  también vaya mal: una lesión, una tormenta… cualquier factor imprevisible. En esta carrera abandonó un 40% de los que salieron, eso es más de 1000 corredores. En mi caso, la preparación previa y el "todo cabeza" los tenía controlados. La alimentación consistió en comer en todos los avituallamientos lo que me entraba bien, que era básicamente pan con embutido y queso, sopa de fideos y coca-cola. Poco más probé. Ni chocolates, ni galletas, ni pasteles… De vez en cuando algo de fruta pero la dieta fue poco variada. Y en cuanto a la hidratación, creo que bebí cerca de dos litro por hora, y me tomé una pastilla con sales también cada hora para reponer electrolitos y minerales. Con el calor que hacía era imprescindible beber continuamente, y más en mi caso, que sudo bastante. No fui del 40% que abandonó :-)

La jornada del sábado se pasó rápido. Tuve mis bajones y mis subidones. En la fase de bajón, iba tirando esperando a que me diera el subidón. En la de subidón aprovechaba para correr. Y así llegué a "La Fouly", en el Km 110 y habiendo acumulado 6600 m. de desnivel positivo a las 19:00 horas. Había pasado ya por Francia, Italia y Suiza. Empezaba a oscurecer. Ana y los niños también estaban allí, y eso me animó un montón. Nos despedimos y me encaminé hacia Champex-Lac. 

Había oscurecido y nos juntamos un grupito de 5 corredores. Conforme nos acercábamos a Champex-Lac, un pueblecito metido en un valle, empezamos a ver rayos y a oír truenos justo encima del pueblo. La típica tormenta que no hace ninguna gracia y menos cuando es de noche, tienes que ir hacia ella y llevas un tute como el que llevábamos. Llegamos al pueblo y goteaba. Ana y los niños otra vez allí. ¡Menuda tripulación de apoyo! Entraron a la zona de corredores y me ayudaron a aprovisionarme y a quitarme las zapatillas y calcetines para comprobar el estado de mis pies. Me tomé un par de cocacolas, un café, comí mi pan con embutido y mi sopa y me fui al podólogo para que me curara una ampolla en el meñique que me impedía correr. En total estuve 50 minutos en el avituallamiento. Era de noche, llovía y hacía frío. Me puse dos térmicas, el gore-tex y emprendí la marcha, solo. El grupito con el que había llegado se habían ido diez minutos antes porque se estaban enfriando. Mas tarde nos iríamos viendo, a lo largo de lo que quedaba de recorrido.

Me quedaban 46 km y 3000 m. de desnivel positivo. Eran cerca de las 23:00. Una noche por delante. La segunda noche sin dormir. Esto ya sabía de que iba. Lo había experimentado en el Gran Trail del Aneto-Posets. Sabía que mi cabeza empezaría a simplificar todo lo que veía. Que no se esforzaría en interpretar nada de lo que viera y que le asignaría cualquier forma conocida a cualquier cosa que viera y que no estuviera claro lo que era. Empezó antes de lo que imaginaba. De repente me pareció ver un animal parado en el camino, y cuando me acerqué vi que era una rama. Me pasaron cosas similares con las piedras. A diferencia que en el Aneto, me lo tomé con filosofía y pensé "esta vez empezamos pronto". No me explayaré en contar lo que llegué a ver, pero para que os hagáis una idea la porquería que llevaba en las piernas me parecían tatuajes super-currados,  dibujos perfectos con animales y caras. En fin…

No dormí nada. A lo largo del recorrido pude ver algún corredor sentado o tumbado con los ojos cerrados, supongo que para vencer ese picor y esa sensación de "¡necesito dormir ya!" tan desagradable. En mi caso, el peor momento fue de 2 a 4 de la madrugada. Fui hablando con algún corredor para mantenerme despierto. Cuando llegué a Trient, había gente durmiendo encima de los bancos. Aunque iba bien de tiempo, decidí no dormir por miedo a quedarme frío y que me costara ponerme en marcha de nuevo. Me tome un par de coca-colas y un café, comí  y emprendí la marcha de nuevo. Amaneció en Vallorcine a eso de las  siete del domingo cuando  "sólo" me quedaban 20 km y 1100 m. de desnivel positivo. Llevaba 37 horas y unas llagas y un dolor de piernas que empezaban a fastidiar. La subida, de 900 metros  la hice del tirón en un par de horas porque no dolían las piernas. Era en las bajadas, al retener la pisada. Y la bajada me costó 2 horas y 40 minutos. Llegué a Chamonix, a las afueras del pueblo y allí estaban nuevamente Ana y los niños. Corrimos juntos hasta la plaza. Durante ese trayecto no sentía ningún tipo de dolor. Todo fluía, todo estaba bien. La gente aplaudía, me animaba, me daba el impulso final hasta la meta. La crucé a mediodía del domingo, habiendo completado todo el circuito en 42 horas. ¡FINISHER!

Ya en casa por la tarde y con la sonrisa tonta del que ha terminado una frikada de estas, revisando mis mensajes de whatsapp vi que muchos amigos y familiares habían estado haciendo seguimiento a través de la web de la prueba durante todo el fin de semana y comentando en los grupos como iba, la cara que llevaba (hay videos de los pasos por los avituallamientos), lo que me quedaba… mandaban mensajes de ánimo, hacían bromas… creo que leer esos mensajes de todo el fin de semana fue casi tan emocionante como el momento de la salida y el de entrada a meta. ¡GRACIAS!

Y como siempre, aquí una fotos de la carrera.



página de seguimiento de la prueba
a por el dorsal 
730 
día previo: el Montblanc

la pareja de Andandaeh

espera con los "correcaminos"

la plaza se val llenando
a pocos minutos, caras de nervios...

gran animación pasado Les Houches

sopa de fideos 
descanso, y a seguir
mi familia esperándome incluso de noche

amanece

Lac Combal

selfi!

avituallamiento amenizado con música en vivo

comida

hidratación

pequeño refugio

el paisaje no deja de asombrarte durante todo el recorrido

a menos de 1 km de meta
entrada en meta
la foto de finishcr

los dos finishers 2016 de Andandaeh





miércoles, 29 de junio de 2016

Ultra trail del Sobrarbe: crónica

Vaya por delante que la respuesta es "no". ¿Y la pregunta? La pregunta es una de las que se hace mucha más gente de la que nos pensamos los que corremos ultras de montaña. La pregunta es: ¿Todo ese tiempo corriendo? Pues no. No corremos todo el rato. Ni de coña. Al menos los que son de mi nivel y  condición, es decir, que nos conformamos con terminar de una forma digna. Los buenos supongo que sí, que esos no paran ni para mear. Pero el resto de mortales nos lo tomamos de otra manera. Sirva la crónica de la Ultra del Sobrarbe para aclarar un poco el tema...

Esta es una de las carreras a las que me apunté a principios de año, como preparación para la Ultra del Montblanc. A dos meses de mi gran reto tocaba según mi "plan no escrito" afrontar una prueba larga. Después tocará algo de monte, una prueba no tan larga dentro de un mes (maratón de las Tucas) y en agosto a Chamonix. La Gorda.

Llegué al 25 de junio con un estado de forma algo indefinido. Después de acumular fondo en invierno y empezar a sumar desnivel en primavera, la Ultra del Sobrarbe me iba a decir como me encontraba a estas alturas del año. Se trata de una prueba de 71 km, con 4000 metros de desnivel positivo acumulado. El perfil no es de esos con toboganes rompepiernas, sino que tiene un tramo inicial  bastante corrible (25 km), y después 4 subidas - bajadas de entre 600 y 1000 metros de desnivel. Carrera de las de ir con bastones y tomarse las subidas con calma. A parte de ver mi estado de forma, mi objetivo era probar lo siguiente:

- Alimentación. Una de las cosas que me suele fallar en pruebas largas es que no me planifico bien lo que como. Soy capaz de llegar a un avituallamiento con un hambre voraz, y engullir (de forma contenida porque hay gente mirando) todo lo que pillo. Mezclo chocolate, frutos secos, fruta, gominolas, agua, aquarius... y termino a la larga con problemas estomacales. Esta vez me llevé mis propias barritas energéticas hechas en casa, y algún sandwich y fui comiendo según lo tenía planificado. También comí en los avituallamientos, pero sin tanta ansia...

- Hidratación. Otro aspecto en el que suelo cagarla. Hasta ahora me llevaba pastillas efervescentes tipo isostar, para mezclar con agua y preparar isotónica. Un bidón con agua, otro con isotónica e iba bebiendo. El los avituallamientos rellenaba otra vez el bidón. Esta vez me llevé pastillas de sales minerales de las que se tragan y me fui tomando rigurosamente una cada hora, estuviera donde fuera. Un éxito. Esta vez no hubo calambres, no fue sufrí como lo hice en "las crestas del infierno".

- Ritmos. Me propuse llevar una media de 6 km/h  es decir 10 minutos el km. Eso serían 12:06 horas. Cuando digo una media, quiere decir contando las paradas, corriendo las bajadas, andando las subidas... lo que viene a ser una media, vamos. No, no se corre todo el rato :-)

- Equipación. Aproveché para probar los bastones y la mochila que llevaré en Chamonix. La mochila la cargué con más cosas de las necesarias para ver como me respondían las lumbares. También fue mi primera salida larga con las zapatillas con las que tenía previsto correr en el Montblanc. No se si las usaré.

Nos juntamos varios del club. El viernes preparamos la táctica mientras nos trincábamos un par de jarras de cerveza y cenábamos hidratos de carbono + vino + gaseosa. El sábado a las 05:30 a.m. desayunamos algo en la plaza de Ainsa, y a las 06:00 emprendimos la marcha.

No voy a describir el recorrido. Os invito a leer la crónica de Juanito, la de Oscar y/o la de Gorka, compañeros del club que describen perfectamente el transcurso de la carrera. Yo aportaré que corrí muy a gusto, manteniendo los ritmos previstos, intentando no quedarme detrás en los tapones de gente que se formaban cuando el terreno picaba un poco hacia arriba, controlando en las bajadas y en los llanos, andando muy despacio en las subidas, parando cuando era menester... Llevé un ritmo cómodo durante toda la carrera. Desde los primeros 25 km en los que corrimos entre 5 y 10 minutos el km, hasta los últimos 9, en los que se descendía unos 1000 metros y que bajé del tirón y corriendo también a ritmos de 7 el km.
En todo momento estuve pendiente de comer, tomar sales, beber... y tengo que decir que el planteamiento dio resultado. Ninguna molestia estomacal. En ningún momento se me cerró el estómago y no tuve la sensación esa que se tiene muchas veces, en la que la cabeza te dice que tienes que comer pero el cuerpo no te deja.
En Ainsa paramos un rato más de lo normal, unos 15 - 20 minutos calculo. En el resto de avituallamientos entre 5 y 10. Y subiendo al ibón de Plan, me paré también 5 o 10 minutos para comerme un sandwich. El cuerpo me lo pedía a gritos y, educado que es uno, le hice caso.

El paisaje es espectacular. He corrido esta carrera tres veces, las tres con distinto recorrido y sin duda alguna me quedo con esta variante.

Entré en meta con 12h09m prácticamente clavando el tiempo previsto de 12h06m.

Y volviendo a la pregunta inicial, aquí están las estadísticas recogidas por mi GPS:

distancia:              71.5 Km
tiempo:                 12:09:46
ascenso:                3650m
velocidad:             5.9 Km/h
ritmo:                    10.1 min/km

menos de 2.4 km/h            2h20m    parado, o casi
entre 2.8 y 5.6 km/h          3h40m    andando
entre 5.6 y 8.4 km/h          2h46m    trotando suave
entre 8.4 y 11.3 km/h        3h02m    trotando
más de 11.3 km/h               0h:20m   trotando rápido

en resumen, de las 12 horas, me pasé la mitad andando muy despacito en las cuestas (o parado en avituallamientos o contemplando el paisaje), y la otra mitad trotando ya sea a ritmo lento o rápido.

Como siempre, aquí os dejo unas fotos de la jornada.


la previa

todo listo

Salida. 06:00 a.m.

Ibón de Plan, con Juan

Saludando a Lorenzo, que este año no pudo correr. Pero hizo fotos. Gracias!

reponiendo fuerzas

a la jota jotaaaa....

Gorka y Quique: carrerón!

¡otra a la saca!

dos de los yayos del club

Juanito entrando en meta

Con José, el debutante, y el Gran Oscar








martes, 31 de mayo de 2016

Crestas del Infierno: crónica de "el tío calambres"

Vaya por delante que la terminé. Acalambrado, pero la terminé. Soy un melón. ¡Anda que no habré contado yo veces a la gente lo importante que es mantener el nivel de sales en el cuerpo cuando corres! Yo, que tanto leo sobre estas cosas, que siempre pongo como ejemplo que en algunas ultras de Estados Unidos te pesan en los avituallamientos, y si has perdido más de un "x por ciento" de tu peso, creo que entre 2 y 5, te obligan a parar hasta que lo recuperas. Todo porque con el sudor se pierden las sales minerales, imprescindibles para que se transmitan los impulsos eléctricos que hacen que una persona funcione correctamente (o al menos, aceptablemente).  Bueno, pues "consejos vendo, y para mi no tengo". La cosa fue así:

El miércoles quedé con los del club para echar un bocata y una cerveza. Unos cuantos iban a participar el fin de semana en el triatlón de Salou, otros a la ultra de Jaca, dos más a las crestas del infierno... las crestas del infierno... las crestas del infierno en Gavín... en Gavín cerca de Tramacastilla... y yo ese fin de semana iba a subir a Tramacastilla...

-¿Quedan dorsales, Sergio?  - Y Sergio mandó un whatsapp. A los 30 segundos miró el móvil y me dijo:

- Me dice el alcalde que sí.

El domingo, a las 8:30 de la mañana nos encontramos en la zona de salida. Sergio y Jorge iban a correr la de 19 Km. Yo me había apuntado a la de 30, con unos 1800 de desnivel positivo, por eso de entrenar para la ultra del Montblanc. Salió un día algo nublado y gris. No hacía mucho calor, pero tampoco hacía frío. En principio un día de esos majos para correr, y en un entorno espectacular. Monte, bosques, niebla... uno de los parajes más bonitos de la zona. A las 9:30 y con media hora de retraso debido a las condiciones meteorológicas que había en la cima se dió la salida: 3...2...1... Go!

Los 10 primeros kilómetros eran de subida y se ganaba un desnivel de 1100 metros. Empecé a un buen ritmo y en la primera cuesta seria, a partir del Km. 5, lo pagué. Me costó. Andaba despacio y me iban pasando corredores. Sudaba, notaba como iba perdiendo líquidos, y aunque iba bebiendo y no me sentía mal, no estaba fresco. Se me hacía pesado. En los pocos llanos corría, y en la subida andaba despacito. Cuando llegué al punto más alto, a 2170 metros, guardé los bastones, bebí algo y me lanzcé hacia abajo.  Empezaba un descenso de 20 km por terreno bastante irregular, de los que castigan las piernas. Sin ser consciente había perdido muchas sales y no las había repuesto. Una cosa es beber agua, y la otra beber agua con sales o beber isotónica. Como decía, la bajada la empecé del tirón machacando las piernas. Y en el Km 18 aproximadamente noté unos conatos de calambre en los cuadriceps. Bajé el ritmo y empecé a recordar la prórroga del partido del día anterior entre el Atlétic y el Real Madrid. Era espectacular ver como iban cayendo los jugadores, acalambrados. El viernes precisamente en el trabajo hacía mofa y befa sobre ello. "Ojalá lleguen a la prórroga para ver como se van tumbando en el césped y levantan la mano pidiendo la asistencia del fisio. Los jugadores están diseñados para aguantar 94 minutos, y a partir de ahí... petan". Eso comentaba el viernes. Y mientras, yo seguía corriendo y notando como los isquiotibiales empezaban a avisar. "huy huy huyyyy....  a ver si me voy a tragar mis palabras..." Y en ese preciso instante, ¡pinchazo en el abductor! ¡Cagüenredios! Me paré. El pinchazo pasó al otro abductor. Fueron unos 5-10  segundos de ver las estrellas hasta que el músculo se relajó. Seguí andando y poco a poco el dolor se fue pasando. Hasta pude empezar a trotar otra vez. A los cinco minutos, los cuadríceps se descontrolaron. Vaya piltrafa... Intenté estirar, pero al levantar la pierna que quería estirar, la otra se me descontrolaba. Me senté un momento. Me levanté y empecé a andar otra vez hasta que se estabilizó la cosa. Saqué los bastones y andando/corriendo fui tirando. Cada pocos minutos tenía avisos de que no estaba muy bien. Cuadríceps, isquios, abductores... Por suerte los gemelos no. Empecé a darle vueltas a la cabeza sobre lo mal que había llevado el tema de la hidratación.  Y en mi cabeza empezó a sonar ese gran tema del gran Luís Aguilé (D.E.P.) que es "El Tío Calambres". Yo trotando a 7 por hora  con los bastones, gente pasándome y dentro de mi la cancioncita.


Salí del pueblo pa’ ver las fiestas, la Lola Flores y el Cordobés. Salí del pueblo pa’ ver las fiestas, la Lola Flores y el Cordobés. 
Iba contento con mi biscuter, y mi carnet de la conducción.
Había un peligro en la carretera, no me importaba porque era yo.

...

Quedaban todavía 8 kilómetros. Cada corredor que me adelantaba me sorprendía gratamente. ¡No iba el último! Y así fueron pasando los kilómetros y los minutos. Trotando, algún tramo más deprisa, frenando cuando los músculos avisaban, y en mi cabeza la canción:


Salí del pue pue... pa’ver las fie fie... la Lola Flo Flo... y el Cor Cor Cor
Y me preguntan qué me ha pasao, que hablo de lao y todo al revés.


Último kilómetro. Llevaba ya un par sin síntomas de acalambramiento, pero con las piernas en modo alerta total. Me daba la impresión que cualquier sobreesfuerzo me dejaría "clavao". Entré en meta en 4:30, y en una posición bastante digna para lo que había sido la carrera. Detrás mío todavía entraron unos 30 corredores, y algunos tardaron más de una hora.

Cuando me vieron Jorge y Sergio se percataron de mi situación pseudo-lamentable, se apiadaron de mi, me ayudaron a tumbarme para estirar suavemente y me trajeron una cerveza. Eso son amigos :-)

Aquí unas fotos y un video de la carrera.


con Jorge y Sergio

todo preparado para la salida

llegando a la cima 1

llegando a la cima 2

llegando a la cima 3

llegando a la cima 4






jueves, 19 de mayo de 2016

Carrera de montaña Mas de las Matas: crónica

Vaya por delante que esta vez sí que salí a por podium. Medio en serio, medio en broma, me había propuesto intentarlo. En la botifarunner me quedé con la mosca detrás de la oreja pensando en que si hubiera salido a por podium, quizás lo habría conseguido. Me di cuenta en la meta.  Allí quedé quinto de mi categoría. Esta vez el planteamiento fue distinto, y el resultado... también. Aquí va la crónica de la III Carrera por montaña de Mas de las Matas.

Una vez más fue Quique quien me lió. Quique no duerme bien, y en lugar de ver teletienda, como hacemos el resto de los mortales cuando tenemos insomnio, navega por internet buscando zapatillas de oferta y carreras. Y las encuentra.

- Yayo-Jordi,  en dos domingos hay una carrera buenísima en Mas de las Matas. 18Km, 1350 de desnivel y se come muy bien. Todo por 10 euros. ¿te apuntas?
- no lo se, tenía intención de subir al Pirineo. Ya te diré. ¿Dónde está eso?
- hora y media de Zaragoza, en Teruel. A mediodía en casa. Tony se apunta. Piénsatelo...
- ya te diré...

El jueves recibí un whatsapp que me decía "estoy a punto de pagar. ¿te inscribo?" Después de reflexionar durante unos larguísimos 30 segundos (en plena reunión de trabajo) contesté con un "ok".

Luego, por la noche y en casa, estuve viendo las características de la carrera. No eran 1350 metros de desnivel, sino 675 positivos y otros tantos negativos. 18 Km. Carrera rápida... Además, el año anterior participaron unos 35 corredores, y pocos "veteranos B", mi actual categoría, la de señores maduros de más de 45 años.  Mmmm.... ¿y si esta vez salía a por podium?

El domingo a las 7:30 a.m. salimos de Zaragoza tres de los yayo-runners del club. A las 9:30 recogimos el dorsal en el camping de Mas de las Matas y nos situamos en la linea de salida. Este año había más gente, unos 60 o 70 contando la carrera larga (18) y la corta (11). De estos, no sabía cuantos iban a la larga, y de estos no sabía cuantos eran de mi categoría. Seguí con mi idea de salir "a darlo todo". Después de unas breves indicaciones del speaker, éste dio la salida. Go!

Salí más rápido de lo que suelo salir. En el primer kilómetro el grupo de cabeza se distanció y vi claramente que no lo podía seguir. En las primeras cuestas serias adelante a algunos corredores y me fui. Me quedé con un grupo de cuatro. Forcé un poco más y me fui de dos de ellos. El tercero se me enganchó detrás y ahí lo tuve durante los siguientes kilómetros. Si yo corría, el detrás. Si yo andaba, el andaba. Si en una bajada me lanzaba, el también. Una lapa, vamos. En el primer avituallamiento nos paramos, bebimos y nos alcanzó otro corredor. En ese momento dije "adios!" y me fui. La lapa se me enganchó inmediatamente. Estaba claro que no me quería dejar. Estuvimos hablando y compartiendo los siguientes kilómetros, más o menos hasta el diez o doce, punto en el que nos alcanzaron dos corredores. Me pasaron y no los puede seguir. Se me situaron a unos 50 metros, y pese a esforzarme fui incapaz de alcanzarlos. ¡Bajaban como balas! Imposible cogerles. En el último avituallamiento se pararon unos segundos, suficiente para cogerlos y casi sin tiempo para beber reemprendimos la marcha, esta vez juntos. Estaba claro que estaba disputando una carrera. Por primera vez en mi vida no iba a terminarla. No estaba en el grupo de los que compiten contra su propia marca, sino en el grupo de los que compiten entre si. Uno de los cuatro se paró y nos dijo que no seguía el ritmo. Los otros dos tiraron y yo detrás. Llegamos a los tres últimos km, que transcurrían en una pista ancha, e íbamos los tres  con una separación de unos 50-100 metros. Yo el tercero. Pensé que estaba dándolo todo, pero que ni así los podría alcanzar. Ellos también estaban dándolo todo. Y por lo que parecía, eran un pelín mejores. Estábamos corriendo a 4:20 el km. Y en ese momento pensé "Si el que llevo delante, que es el "lapa" que ha estado media carrera a rebufo mío, me gana y me quita el podium, me joderá un montón". Estuve por gritarle "¿de qué categoría eres?" para ver si valía la pena esforzarme o si ya estaba bien como estábamos. Detrás no llevaba nadie. Pero me dio vergüenza preguntar eso. Y volví a pensar "Si quiero pasarle, tendré que sufrir. Nada es gratis". Apreté, vi que le ganaba terreno, le pasé, y aun no pudiendo más, le dije "venga, que queda poco!" como si fuera fresco como una rosa. Y apreté más para sacarle la distancia suficiente como para que se pensara que yo todavía iba entero, y que no intentara cogerme. Y la táctica funcionó. Cuando me di la vuelta vi que le sacaba unos 100 metros y que no intentó alcanzarme. Con el que llevaba delante ni lo intenté. Ya no podía.

Entré en meta en 1:46:26 y con la satisfacción de haber disfrutado como hacía tiempo que no lo hacía. Mi perseguidor entró 35 segundos después. Y no, no era "veterano B". Estuvimos comentando la carrera y coincidimos en que había sido un bonito duelo, pero duro.

No tenía ni idea de  la posición en la que había entrado. Mientras iban llegando el resto de corredores lo anunciaron por megafonía: tercero de mi categoría. El esfuerzo había valido la pena.

Ducha, comilona y entrega de trofeos. Aquí tenéis unas fotos de la jornada.