Vaya por delante que yo al menos llevaba chubasquero.
Kilian Jornet no. Ocurrió el mismo día, pero yo salí por mi propio pie. Hace tiempo que tenía ganas de subir al Garmo Negro (3051 m) en plan rápido, corriendo donde se pudiera, para probar lo que se tarda en subir y bajar. Según
he leído se puede hacer en unas dos horas y media. Había que comprobarlo, y este fin de semana era "la última ventana" antes de la ultra de Guara-Somontano. El resto de fines de semana ya los tengo comprometidos. Tenía que ser el sábado día 7.
El viernes por la noche cayó agua hasta aburrir. El sábado
me levanté a las 6:30, y a las 7:30 estaba en el Balneario de Panticosa, dentro
del coche, mirando el Garmo y decidiendo que hacer. Día muy nublado, cielo
gris, pesado, el Garmo invisible en su parte
final debido a los nubarrones de tormenta... como para regresar a casa. ¿Qué hago?
Sabiendo que no llegaría arriba, ya que aquello estaba más negro que el
rascacielos de Cazafantasmas al final de la película, decidí subir
hasta donde pudiera, y luego dar media vuelta. Partiría de 1641 metros. Al menos
acumularía desnivel y me serviría de entreno. Iba con mochila, y en ella el
chubasquero cortavientos, una camiseta térmica de repuesto, barritas, geles, agua,
microcrampones (arriba todavía queda nieve), bastones, etc. Iba Preparado; no
como otros :-)
Empecé a correr. Goteaba. Cuando llevaba unos 15 minutos
empezó a llover más en serio. Me puse el chubasquero y cubrí también la
mochila. Disfrutaba. Decidí seguir. Y dejó de llover, pero aquello no pintaba
muy bien. Los siguientes 30-40 minutos fueron de andada con bastones a ritmo
fuerte. Atajando todos los caminos, subiendo por la vertical. Nada de zig-zaguear.
Iba lloviendo y parando. Oía truenos y veía relámpagos. Típicas tormentas de
Pirineos. Cuando llegué a una altura de 2460 metros - según el GPS - me vi debajo de la tormenta. No llovía,
pero las nubes estaban muy cerca, los relámpagos se veían y los truenos retumbaban apenas dos segundos después. La decisión estaba
cantada: media vuelta. Empezó a jarrear, ya en serio, y me asusté un poco. Se me
pasó por la cabeza incluso que al ir con bastones igual eso atraía a los relámpagos y podía acabar chamuscado.
Me planteé la opción de esperar a que pasara la tormenta (seguro que no iban a ser más de
5-10 minutos), incluso me escondí en un pequeño agujero entre las rocas, acurrucado
en posición fetal. Pero a los 15 segundos vi que, mojado como estaba y sin moverme, me iba a quedar helado. Salí y
empecé a correr hacia abajo.
En 5 minutos ya había dejado atrás la lluvia fuerte y dejo de
tronar (o al menos los truenos sonaban más lejos). Me sentí a salvo. Seguí
corriendo, y nuevamente disfruté. Llovía a ratos. Otros, caían pequeñas piedras de granizo. Iba bien preparado y en ningún momento me sentí incómodo. Quizás lo único que
eche en falta fueron unos guantes. En una media hora llegué al coche, me cambie
de ropa y volví para casa, contento con esa experiencia tan emocionante, y habiendo acumulado
unos 800 metros
de desnivel en apenas 2.5 km.de subida.
El lunes vi
la noticia de que habían rescatado Kilian Jornet
a 3800 metros,
porque les cogió una tormenta e iban sin abrigo. En ese momento, a parte de
alegrarme de que lo de Kilian no hubiera sido nada, me di cuenta de que lo que
había hecho yo el sábado sólo se podía calificar como una
ENORME IMPRUDENCIA.
Si me hubiera torcido un tobillo, si hubiera resbalado, si cualquier cosa...
Iba sólo, bien equipado, eso sí, pero solo. Con esas condiciones
meteorológicas, no iba a pasar nadie por allí en toda la mañana. Si llego a estar
media hora parado, hipotermia al canto. Ya me imagino a la Guardia Civil rescatándome, y una noticia diciendo que un imprudente aficionado bla, bla, bla...
No paso nada, pero hubiera podido pasar
algo, con lo que... Lección aprendida. No digo más.
 |
| El tramo que puede completar. |