miércoles, 11 de julio de 2018

Gran Trail de Peñalara: crónica



Vaya por delante que no creo que vuelva, pero… menuda carrera: ¡me ha encantado! Hacía 10 meses que no me enfrentaba a una prueba de más de 100 km. En esa ocasión abandoné en el km 75.  Esta vez han confluido una serie de circunstancias que han hecho que la pudiera terminar en algo menos del tiempo previsto y que la disfrutara como pocas veces lo he hecho, a lo largo de casi todo el tiempo que duró la carrera. Al final fueron 116 km y 5100 metros de desnivel acumulado hacia arriba, en 21h49m. Esta es la crónica:

Para prepararme y correr esta carrera he hecho más o menos lo de siempre, pero he introducido algo nuevo en el proceso que abarca desde que le das al botón de inscripción (6-8 meses antes de la carrera) hasta que te ponen la medalla de “finisher” (6-8 segundos después de la carrera). He introducido la PLANIFICACIÓN de la alimentación DURANTE la carrera.
Hasta ahora en casi todas las carreras que he corrido se podría decir que he ido aplicando la misma metodología, un poco sobre la marcha:
  • correr/andar
  • comer en avituallamientos lo que en ese momento apetecía
  • correr/andar
  • comer geles/barritas entre avituallamientos cuando el cuerpo empezaba a flojear. 
  • correr/andar 
  • intentar comer con el estómago cerrado cuando el cuerpo estaba "raro"
  • tener bajones y subidones en función del momento
  • llegar (o no) a la meta. 


Esta vez, con la ayuda de una nutricionista que me ha ayudado a planificar lo que debía comer durante la carrera ha sido muy distinto. Esta vez llevaba anotado lo que debía comer en cada avituallamiento y entre avituallamientos. Esta vez he ido repostando continuamente, cada hora más o menos, con lo que que mi cuerpo ha ido manteniendo los niveles de energía bastante constantes. Y esto se ha visto reflejado en la ausencia de bajones y subidones, en que he mantenido un estado similar durante todos los tramos, y que he terminado con la sensación de haber controlado la carrera, y no de que la carrera me haya controlado a mi.

No he comido mucho, en ocasiones solo un trozo de plátano y cuatro almendras, en ocasiones membrillo, o un sandwich. En algún avituallamiento sopa o pasta... la cuestión es que lo que he ido comiendo estaba previsto en función de:
  • el tiempo que llevaba de carrera.
  • lo que había en los avituallamientos (lo sabíamos de antemano).
  • lo que había cogido en el avituallamiento para comer durante el tramo siguiente.
  • el desnivel del siguiente tramo.
  • etc. 
Y eso, aparte de mantener bien los niveles de azucares, sales, carbohidratos... ha hecho que no tuviera que pensar ni decidir qué comer. Cuando llevas horas y horas en carrera y llegas con hambre a un sitio en el que hay chocolate, gominolas, empanada, etc. el cuerpo te pide saciarse, cosa que puede ser contraproducente si después te viene una subida que te disparará las pulsaciones por estar en plena digestión. Si llevas anotado en un papel "comer 2 trozos de fruta fresca, frutos secos y jamón. Y llevarse membrillo y dos barritas para el siguiente tramo", lo haces sin pensar y continuas.

La carrera en si, como he dicho al principio... me ha encantado. La zona no la conocía y me ha parecido espectacular. Navacerrada, Rascafría, La Granja, subida a Peñalara... recorrimos toda la Sierra Madrileña.

La semana anterior a la carrera estuve de vacaciones en Oporto. Una semana descansando, haciendo turismo, sin estrés, disfrutando de la comida portuguesa y de la familia. Creo que este reposo me fue bien para plantarme en la línea de salida "con ganas".

El viernes de la carrera llegamos a Navacerrada por la tarde. Ana y los chicos se fueron a una casa rural que habían cogido junto a toda la tropa de Tramacastilla, que aprovecharon mi carrera para pasar un fin de semana en la Sierra y verme sufrir en algún tramo del recorrido.

Recogida de dorsal y a esperar al resto de los del equipo (Andandaeh). Llegaron poco después: Oscar, Pablo, Gorka, Tony y Vanesa, que se enfrentaba a su carrera más larga. Fotos, cena, vestirnos y a las once de la noche estábamos en la línea de salida, para empezar a correr media hora después. 3...2...1... go!

Me planteé la carrera como 9 sub-carreras, que son los tramos que había entre los 10 avituallamientos (contando el de meta). Es la forma de no ver la carrera como un todo difícilmente abordable. Divide y vencerás.
Aguantamos juntos unos kilómetros y después, tal y como suele suceder, nos fuimos disgregando según el ritmo de cada uno. No voy a contar el transcurso de las 22 horas. Sólo decir que nos fuimos juntando, separando, corriendo algunos tramos juntos, otros yo solo, con otra gente...
La noche pasó rápido. No hizo frío y no me paré en ningún momento para ponerme o quitarme ropa. Por la mañana llegué a Rascafría, donde la organización nos había llevado la "bolsa de vida" y nos pudimos cambiar de ropa antes de seguir. Allí coincidimos Oscar, Pablo, Gorka y yo. Salimos juntos, pero me separé del grupo pasados unos kilómetros. El día también nos respetó en cuanto a temperatura. El sol no apretó mucho, y tampoco me tuve que parar a poner o quitar ropa, ni en la cima de Peñalara, donde hacía bastante viento y algo de frío.

En La Granja, km 85, tuve el caluroso recibimiento de la tropa que había venido a pasar el fin de semana en la Sierra para ver como sufría. Comí, y emprendí la marcha con Gorka, quien había llegado poco después de mi al avituallamiento. A partir de ahí fueron 6 horas más para cubrir los 35 km que quedaban, con su correspondiente desnivel.

.. y al final llegamos más o menos agrupados. Tony había tenido que abandonar por problemas en el tobillo, y Vanesa tardó unas horas más, ¡pero terminó! (me descubro ante tí, Hansen).

Hacía casi dos años que no completaba una carrera de más de 100 Km., y terminé con muy buenas sensaciones y habiendo disfrutado en cada uno de los tramos. Todo ello supongo que debido a la buena alimentación que llevé durante el transcurso de la misma. La próxima me la plantearé con la misma estrategia. A ver si vuelve a funcionar.

Y como es tradición... aquí unas fotos del fin de semana...

Andandaeh's team


Recogida del dorsal. Photocall familiar.

A pocos minutos de la salida

Preparados...

Foto de equipo (falta Pablo...)

Amanece

Paisajes pirenaicos en la Sierra madrileña

Cima de Peñalara

Ana en La Granja.

Buen rollo en la carrera

El recorrido, fantástico

Penúltimo avituallamiento

Con Gorka, a punto de iniciar el último tramo

En meta, 21 horas 50 minutos después.

Hidratación post-carrera

Mi careto: antes / durante / después

¡Otra a la saca!






viernes, 22 de junio de 2018

Como decíamos ayer...



Vaya por delante que esta frase no es mía. La soltó Fray Luís de León cuando regresó a su cátedra, en la Universidad de Salamanca, allá por la segunda mitad del siglo XVI. Empezó la clase con esta frase, como si no hubieran existido los casi cinco años que pasó en prisión. Como decíamos ayer… 

En mi caso no he estado ausente cinco años, y mucho menos en prisión. Desaparecí según veo en la última entrada que publiqué en el blog el cuatro de septiembre de 2016. Casi dos años. Y hoy reaparezco como si nada hubiera pasado. Y en realidad, nada ha pasado. El mundo sigue girando igual. La gente sigue haciendo lo mismo. Hay noticias, situaciones, cosas que parece que son muy distintas a como era todo antes… pero todo sigue igual. Sale el sol, se pone el sol, y así todos los días.

Hace una semana celebramos el décimo aniversario de la Exposición Internacional que se celebró en Zaragoza en el año 2008 y nos reencontramos muchos de los que hicimos realidad ese proyecto. Y en muchos aspectos, es como si no hubiera pasado el tiempo. Continué conversaciones que habían quedado interrumpidas hace diez años, conversaciones con gente que hacía diez años que no veía. Después de un efusivo saludo, fue un “como decíamos ayer…”. Quizás el entorno y la bebida de color rosa ayudó a esa continuidad con un breve bache de 10 años ;-) 

Hace casi dos años terminé la carrera más grande que he corrido hasta la fecha, escribí la crónica y lo dejé. Mejor dicho, lo aparqué. Estaba cansado del mundillo del “trail running”, de correr, del blog,  de las redes sociales… un poco cansado de todo. No harto. Simplemente, que me apetecía levantar el pie (no para correr) y complementar mi vida con otras cosas. No dejé de correr. Ese otoño corrí la maratón de Amsterdam y la de Zaragoza. En 2017 corrí otra vez la maratón de Zaragoza, la Ultra Pirineus, y algunas más. Pero no escribí nada. Ni publiqué nada en Facebook. De hecho, no había entrado en Facebook hasta hace un par de semanas. Ni a Twitter. La única red en la que he ido poniendo alguna cosa es Instagram (jordalga). No me ha apetecido en todo este tiempo ver lo que hace la gente. Supongo que todo tiene sus ciclos.

Por otro lado, en 2017 me he dedicado a estudiar. Hace tiempo que tenía ganas de reciclarme en lo mío y he hecho un master que me ha ocupado 11 meses, y que terminé en Marzo. Esto de estudiar, hacer trabajos y examinarse a partir de ciertas edades…¡es más duro que las ultras! Pero ahí estoy, con un título de Master en Gestión de las Tecnologías de la Información. Y yo si que puedo demostrarlo, eh? No como otras...

En 2017 he balanceado mi máxima “mens sana in corpore sano” hacia la parte de “mens”. En 2018, y una vez saciada la necesidad de aprender y realizarme en lo profesional, siento otra vez la necesidad de volver un poco a eso que me gustaba tanto. Escribir. Escribir sobre lo que me gusta y sobre todo lo que se me ocurre durante mis largas sesiones corriendo. Mi cabeza vuelve a filosofar, a pensar en situaciones, a jugar imaginando teorías sociales… y me pide plasmarlo en algún sitio. Como tengo un blog, aquí que lo seguiré dejando. 

La semana que viene corro el Gran Trail de Peñalara. 116 km y un desnivel positivo de 5100 metros. Como decíamos ayer…  habrá crónica.