
Y llegó el gran día. Me había puesto este objetivo
el 20 de Junio, hace algo más de 3 meses, después de correr en en el Tozal de Guara. Sabía que era una carrera dura, pero tanto... No es la distancia (38 km). Es el desnivel positivo acumulado (2,2 km).
Esta vez tomamos la salida 73 corredores, a las 8:30 desde Pirenarium, en Sabiñánigo. Mi estrategia estaba clara: salir a mi ritmo, sin dejarme llevar por la euforia inicial del pelotón, subir tranquilamente y apretar en las bajadas. Salí de los últimos, con mi ipod y música ochentera. Dejé que "la multitud" se adelantara. En la primera cuesta empecé a adelantar a gente que subía andando. Yo iba sin forzar mucho, corriendo al trote, preguntándome si me estaría equivocando al correr en lugar de andar. Pero no. No me equivocaba. Llegué al km 5 (primer pico) muy fresco. La primera bajada, hasta el km 9 la hice sin forzar, recordando lo dura que se me había hecho la bajada en el Tozal de Guara. Allí había aprendido la lección de no menospreciar los descensos, por lo del machaque de piernas, con lo que me lo tomé con calma. Además el suelo estaba mojado debido a la tormenta del sábado. Las zapatillas, The North Face "Single Track", se agarraban muy bien pero por si acaso... Pese a bajar despacio empecé a notar un pinchazo en la rodilla izquierda bastante molesto, que no me hubiera permitido bajar rápido ni queriendo. El dolor ya no me abandonó. Del Km 9 al hasta la cima de Oturia, km 20, lo previsto: andar, correr, andar, parar, correr, beber, correr, andar... A la cima llegué en 3:20, con el grupito al que había adelantado en la primera cuesta (ya sabía yo que acabarían por darme caza...) Lo que no intuía es lo que pasó a partir de ese punto: se lanzaron cuesta abajo y en menos de un minuto los vi hacerse pequeñitos y casi desaparecer. Mi rodilla me pasaba factura y no pude bajar rápido. Al contrario, tenía que ir frenando y castigando las piernas y rodillas. La pendiente era del -28%. Sufría. Hasta me planteé retirarme con la excusa del dolor. Pero si de algo sirve haber acumulado kilómetros en los entrenamientos, y haber estado horas y horas por los caminos, es para no rendirse. Total, ya que había que llegar a la meta, mejor con dorsal. Y así fui bajando chino-chano, a mi ritmito, parando en los avituallamientos para beber y comer. Fui sólo durante toda la bajada, hasta el último avituallamiento situado sobre el km 32. Allí me alcanzó el dorsal 46, Fernando, un valenciano que se había mudado a Senegüé con su familia. Decidimos correr juntos los 6 kilómetros finales. Estábamos los dos igual de hechos polvo, y entre charlas, anécdotas, correr, andar, etc. llegamos juntos a la meta en 5:58. En la clasificación general terminé el 63. El grupo que me dejó atrás cuando iniciamos la bajada llegó media hora antes que yo.
Como conclusiones: por un lado me siento realizado de haber terminado. La prueba es realmente dura, y el hecho de acabar ya es un éxito total. Me hubiera dado exactamente igual terminar el último. Para mi, prueba superada. Sin embargo, lo del dolor de rodilla me fastidió media carrera. No poder bajar a ritmo cómodo y disfrutando cada zancada, me ha jodido. ¡Que rabia! En fin, otra vez será. A ver si la próxima la puedo correr al 99% de mis posibilidades.
El próximo evento confirmado es la Marathon de Zaragoza, el 6 de noviembre. Hasta entonces, ya veremos.
desde el pico que se ve al fondo fui solo durante unos 11 km
cruzando Osán
llegada a Pirenarium con Fernando, después de casi 6 horasregistro de la actividad con el GPS. Click en ver detalles para ver detalles :-)