Vaya por delante que podría dar mil excusas. Justificarlo con lo complicado que es compaginar "salir a correr" con "cuidar niños" ahora que ya no van al cole por la tarde. O decir que necesito reposo después de bla, bla, bla. O que con este calor no tengo el cuerpo adaptado y sería "contraproducente". O que ... EXCUSAS! Estoy vago, y punto. Me cuesta arrancar. Mucho. Y no arranco. Me cuesta aprovechar una hora tonta. Me cuesta levantarme por las mañanas. Me da pereza tener que cenar después que el resto de la casa, cuando vuelvo de correr a las diez de la noche. La cosa es que pasan los días, y veo que en lo que llevamos de mes, sólo he salido a correr 5 días. Y estamos a día 15!
No se muy bien que es lo que pasa, pero es un hecho. Mi vida está entrando en una rutina que no me gusta. Me estoy "dejando". Supongo que el agotamiento mental de la vida que tengo y que no está relacionada con el mundo del correr también influye. A los niños se les nota que se acercan las vacaciones, que hace calor, que llevan un curso entero a sus espaldas. A mi también se me debe notar. Ayer me di cuenta de todo esto y esta mañana me he forzado a levantarme pronto y correr 10 kilómetros antes de ir a trabajar. Y lo bueno es que una vez superados los 15' de cama, durante los cuales una voz interior aprovechando tu estado de semi-inconsciencia te va cantando nanas para que no te levantes, para que cierres los ojos y en un segundo transcurra hora y cuarto, una vez superado esto, me he vestido, calzado, salido, y he disfrutado del amanecer como hacía tiempo que no disfrutaba. Me he sentido bien, ligero, ágil, en forma, sano... Me he preguntado por que dejé de salir a correr por la mañana con lo bien que me sienta, durante, y después de hacerlo. Y me he prometido que la semana que viene saldré todas las mañanas, con alevosía, sin que se entere nadie en casa. A escondidas. Tratando de no despertarles. Como hacía antes, cuando no estaba vago como estaba hasta ayer.
Ya os diré quien gana, si el pequeño demonio que tengo en el hombro izquierdo, o el pequeño ángel que tengo en el derecho cuando toca vestirse de corto y salir a correr.

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