(entrada publicada el 4 de octubre de 2011. La primera vez que me ponía un frontal para correr)
Esta mañana he salido a correr con el frontal. Ha sido la primera vez que lo usaba. Me he levantado pronto, y después de 3 km, pasado el cementerio de Zaragoza, he dejado atrás la última farola. Todavía era noche cerrada, oscura, y allí estaba yo, con el buff en la cabeza a modo de gorro, y con mi frontal en la frente - por eso se llamará frontal, supongo. Mi frontal es regulable. Ahí mi mujer se estiró el día de mi cumpleaños. Aparte de tener tres tipos de intensidad en luz blanca y un modo en el que dos leds rojos hacen bip-bip como las alas de un avión, se puede regular para que te enfoque justo delante, unos metros adelante, o muy hacia delante. He probado las tres posiciones y finalmente me he quedado con la de "unos metros adelante". He seguido corriendo. La sensación ha sido muy buena. Al principio, rara. No controlaba bien el terreno que pisaba. Iba por camino de tierra y piedras, con sus socavones, sus irregularidades, y pese a ver bastante claro lo que ocurría 2-3 metros delante mío, en cada pisada notaba que no tenía el terreno bien medido antes de apoyar la zapatilla. Era como esquiar cuando el día está gris y no ves bien el relieve de la pista, de esos días en los que se esquía casi "por intuición". La sensación se ha ido desvaneciendo con el paso de los minutos, y en un cuarto de hora ya trotaba con toda normalidad. Y allí estaba yo, corriendo y viendo el mundo de una forma muy reducida. Me planteaba cosas como para que deben servir los 2 leds rojos que hacen bip-bip, o si la gente que dice que muere y vuelve a la vida, verá la luz al final del tunel tipo lo que estaba viendo yo. En fin, entre pensamientos y una increible sensación de bienestar, he llegado a Cuarte de Huerva, unos 4 km después de la última farola, y he cogido la carreterilla que hay para volver a Zaragoza. Me he cruzado algunos coches que casi se han parado cuando han visto la luz del frontal. De MI frontal. Supongo que se preguntarían que era esa luz que les venía de frente, en la lejanía... Igual pensaban que era un tren! Pues no. En un par de kilómetros más ya he vuelto a la normalidad. Fuente de la Junquera, Canal y hacia casa. Todo bien iluminado y con mi frontal ya apagado.
La
verdad es que he disfrutado mucho de esta salida. Repetiré. Los dos
últimos kilómetros calculo que los habré hecho a 4:30 o menos. Estaba
eufórico, y hacía bajada. Estiramientos, subir a casa, ducha, despertar a
los niños y ... ¡Buenos días mundo: hoy ya he hecho algo distinto!

Hola, tengo una pregunta: ¿No te dan miedo las lesiones? Yo sali a correr de noche, me torci el tobillo, y ya no he conseguido atreverme de nuevo...
ResponderEliminarla verdad es que nunca he tenido un "susto serio". He aterrizado varias veces, pero sólo han sido rasguños sin importancia. Correr de noche requiere una concentración similar a correr de día en un terreno muy técnico. Hay que mantener la vista en mil sitios a la vez para tener muy claro donde se va a apoyar el pie antes de hacerlo. Y si el terreno se complica, pues toca ir más despacio. Pero está claro que hay que lleva los 5 sentidos en estado de alerta, sin distracciones.
EliminarVuelve a salir, por un terreno más sencillo y con cuidado. Irás cogiendo confianza, y vale la pena porque correr de noche es una gozada :-)
Muchas gracias Jordi, sí que me atreveré, aunque tengo terror a las lesiones de tobillos, llevo varias y me da miedito (al menos son seis meses sin correr y haciendo el rollo de la bici estática). La verdad es que me encantaría hacer "trail". Zaragoza no es un buen sitio para vivir si te gusta el monte, alrededor no hay mucha naturaleza (no os molesteis los maños). Echo de menos Pamplona, a 5 minutos de coche ya estabas en el bosque, por aquí es más complicado...
ResponderEliminarHola a los 2!
ResponderEliminarYo hace unos meses que salgo a correr de noche para evitar el calor del verano.
Y salgo sin frontal :)
Os cuento: Empecé un par de días con el frontal, y me molestaba el peso y las los golpeteos en la frente, así que dejé de correr de noche. Pero un día salía tarde, se me echó la noche encima sin el frontal, y conseguí llegar entero (más lento de lo normal, pero corriendo sin problemas). Al siguiente entreno, salí directamente de noche y sin el frontal, mentalizado de que iba a probarlo y dispuesto a una posible retirada a tiempo y...
Descubrí unas sensaciones geniales.
Lo primero que descubres, es que al aire libre no existe la oscuridad absoluta, y que parece que se ve más sin frontal que con frontal, ya que la vista se acostubra mejor a la luz ambiental (con el frontal la vista se adapta a la luz que da éste y ves bien lo iluminado y muy mal lo que queda fuera del rayo de luz). Y según vas corriendo, tienes la sensación de ver más cada vez.
Eso sí, te das cuenta de que no puedes ir mirando dónde pisas. Te acostumbras a mirar unos metros por delante, intuir la trazada buena, y a confiar en la pisada. Pisar relajado es muy importante: El coco hace su trabajo y corrige las malas pisadas, baches, piedras... La sensación de "me caigo, hostia, me caigo" y al final ver que sigues de pie es increíble.
Al final, yo tengo la sensación (algo tendrá que ver que voy algo más lento :) de acabar los entrenos más fresco y relajado, y con una sensación de contacto con la naturaleza bestial.
Os recomiendo que lo probéis primero por terreno fácil y conocido primero y me contáis que tal.
Ah! Una última cosa, para planificar los entrenos de noche, mirar qué días hay más luna!!!